martes, 22 de abril de 2014

LOS ESPEJOS GRITAN



Cuesta mirarlos. Cuesta admitirlos. Pero sobre todo cuesta empezar a cambiar la situación que reflejan. La verdad es que pocas escuelas enseñan esa otra realidad del mundo que tanto avergüenza. Pocos padres muestran a sus hijos qué se esconde debajo de la alfombra que pisa la sociedad global. Esa sociedad ‘civilizada’ y ‘desarrollada’ solo para algunas cosas. Quizá por eso, nos cuesta tanto.
En el fondo lo sabemos; la mayoría de nosotros fuimos educados y formados a medias. No hablo de geografía, gramática o econometría. Sino de saber en qué mundo vivimos. Qué ocurre en este lugar que habitamos y lo más importante: por qué ocurre. Desde pequeños aprendemos mucha teoría o conocimiento 'estándar' y nos preparamos para tratar de hacernos un hueco en la sociedad. Es decir, para ser alguien típicamente importante. Todo esto lo aprendemos en esos ordenados pasos que la sociedad nos empuja a ir siguiendo en las diferentes etapas de nuestra vida. Y sin pararnos a pensar, ¿es esto lo que quiero? ¿dónde me lleva este camino previamente marcado?
Se podría considerar raro, muy poco habitual o mejor dicho: es extrañísimo que recibamos una formación en la que se nos enseñe a encontrar nuestro lugar en el mundo, pero sin que ello genere daño, injusticia o sufrimiento para los demás. Esa es una de las razones que explican por qué cuando el mundo se muestra tal y como es, no queremos mirarlo ni vernos reflejados. Aunque los espejos de la realidad muestren la injusticia en estado puro y griten con todas sus fuerzas qué nos está ocurriendo.
Cuesta afrontar la realidad de un mundo cada día más al revés. Cuesta asimilarla, asumirla. Pero hay que dar ese paso. Y es algo que antes o después tendremos que hacer. Todo está relacionado y conectado aunque no nos demos cuenta o no lo queramos admitir: lo que le ocurre al mundo nos afecta a todos. No podemos ignorarlo o vivir de espaldas a una humanidad visiblemente deshumanizada. Es posible que al mirar para otro lado sintamos cierta tranquilidad temporal... pero entramos en una dinámica de posponer y amontonar problemas hasta que un mal día nos salten todos a la vez.
Estamos ante la mayor oportunidad de darle la vuelta a las cosas. La realidad es como es, no como nos gustaría que fuera. Aceptémosla y empecemos a cambiarla, transformarla, rehacerla. Podemos elegir el camino de la excusa, el de "la culpa es de...", el de "en el mundo siempre habrá pobreza", el de la queja constante o tantas actitudes que no hacen más que mantener todas y cada una de las injusticias que nos rodean. O bien podemos pasar a la acción desde nuestra responsabilidad individual, entendiendo que somos parte de esa realidad que tanto criticamos. ¿Queremos un mundo mejor? Creerlo es crearlo, crearlo es cambiarlo. Hagámoslo posible. Hoy.
Alfonso Basco
www.culturadesolidaridad.org