jueves, 4 de junio de 2015

El hijo tomó una fotografía de su madre, sin pedir permiso. Y este hecho ¡cambió para siempre la vida de ella!

Cuando estaba viendo las fotos en mi teléfono, accidentalmente la vi. Era una foto en la que estaba yo, tirada sobre la arena de la playa, totalmente agotada, con las piernas y los brazos extendidos, mirando aparte.
Al principio me quedé muy sorprendida. ¿Quién se atrevió hacer esta foto tan horrible? Dentro de mí con cada segundo crecía más y más una aversión hacia mí misma, yo estaba a punto de romper en lágrimas. Pero justo en ese momento, cuando ya iba a borrar la foto, al cuarto entró mi hijo. «Tal vez puedes decirme, de donde salió esta foto?» — le pregunté mostrando la imagen. Su primera reacción fue una gran sonrisa de oreja a oreja. «Mamá, te tomé esta foto cuando estábamos en el lago. Simplemente no me pude resistir».
«¡Pero tu tienes que pedir permiso antes de coger mi teléfono y tomar fotos de mí!» — le dije, exasperada. «Sí, tienes razón, mamá, pero ¡mira lo bien que te ves allí. En serio!». Una vez más, miré la imagen y traté de ver lo que me estaba tratando de explicar mi hijo. Luego se acercó mi hija y, por encima de mi hombro, miró la foto.«Mamá, esta imagen se puede imprimir en una postal», — dijo, sonriendo sinceramente. «¡Eres muy hermosa! ¡Me gusta esta foto!»
Respiré profundamente. De hecho, era justo lo que necesitaba oír. Siempre me fijo solo en mis defectos. Pero, de pronto, comencé a ver todo con otros ojos:
Todavía veo a mis voluminosas caderas. Pero también veo a una mujer que se recostó cansada después de un paseo con sus hijos.
Veo mis manos regordetas. Pero también veo las manos de una madre que cargaba a sus hijos en brazos, para que sus pies no se dañaran con las piedras o se quemaran en la arena caliente.
Veo a una mujer completa, que se puso un leotardo negro bien encubridor, para ocultar los desperfectos de su cuerpo. Pero también veo una madre feliz que adora inmensamente a sus hijos.
Desde que tengo uso de razón, estoy luchando contra la obesidad, como muchas mujeres. Y, al parecer, voy a seguir con esta lucha. Sé que nunca seré delgada ni pareceré una modelo. Durante los últimos 10 años, constantemente me estoy pesando. Sin embargo, yo no permito que el exceso de peso sea un impedimento para mi vida: sigo usando camisetas, vestidos de playa y trajes de baño.
A menudo salgo a dar un paseo con mis hijos, juego con ellos al aire libre. A veces ¡hasta me siento atractiva! Sí, han oído bien. Tal como sucedió en «West Side Story»: «Me siento hermosa, tan hermosa e inteligente!» Bueno, tal vez no tanto, pero me gusta pensar en ese sentido.
¿Tal vez sea porque me estoy haciendo mayor y más sensata? ¿O será porque ahora tengo cosas más importantes de que preocuparme, que por la impresión que los demás se lleven de mi? ¿O porque mis hijos me miran con esos ojos llenos de adoración? Una cosa está clara: dejé de odiar mi cuerpo. Por supuesto, voy a seguir trabajando con él, haré más ejercicios y comeré bien para estar sana. Pero ahora, en este instante, quiero amarme a mí misma y a mi cuerpo tal como es. Deseo poder verme a mí misma de igual manera que me ven mis hijos.
¡Hijos míos, muchas gracias! ¡LOS AMO!
¡Esta mujer es simplemente admirable! Comparte con tus amistades esta hermosa y conmovedora historia.