martes, 17 de marzo de 2015

Mis manos.






La sangre corre lenta
por mis venas añosas,
se ve como azulada
en mis manos callosas.

Los dedos ya torcidos,
el reúna los aqueja,
mucho trabajo duro
sufrieron y se quejan.

Temblorosas y mustias
me siguen ayudando,
no se dan por vencidas
son guerreras luchando.

No le temen a nada,
son manos kamikaze,
adaptadas de niñas
a trabajos audaces.

Levantaron paredes,
trabajaron la tierra,
acarrearon el agua
de una bomba lejana.

Trabajaron en fabricas,
cuidaron animales,
remendaron las ropas
rasgadas de la casa.

También acariciaron
a mis viejitos lindos,
a mi esposo, mi hija, mi nieta
y a niños de mi barrio.

Ayudaron a gente
que preciso una mano,
y hoy se sienten gloriosas
con todo lo logrado.

Virginia Pollero.