domingo, 11 de enero de 2015

LA CARTA. Una linda historia.

Si Belén hubiese sabido lo que esa carta contenía, jamás la hubiese cogido. Le habría dicho al cartero que ella no se llamaba Belén, que la carta era para otra persona. Cuanto más seguía leyendo, más cuenta se daba de lo desgraciada que iba a ser a partir de ahora. Quiso leer la carta de nuevo pero no pudo seguir, por su cara corrían las lágrimas con tanta fuerza que de ese papel que tanto le iba a complicar la vida Ya no quedaba nada. - ¿Por qué me haces esto Ramón? No tenias ningún derecho, era nuestro secreto, algo que sólo deberíamos saber tu y yo. Había conocido a Ramón hace 20 años, era una tarde que ella había decidido ir al centro para hacer unas compras. Cuando salía de la tienda empezó a llover y decidió coger un taxi, no solía cogerlos pero ese día había ido a la peluquería y no quería mojarse. Al mismo tiempo que ella, levantaba el brazo para parar el taxi, otro brazo hacia lo mismo. - Señorita, tengo mucha prisa- le dijo él. - Yo lo ví primero- dijo Belén. Al cabo de unos minutos decidieron compartir el taxi. Mientras subía las escaleras de su casa, Belén se decía a si misma que había sido una mal educada, ni tan siquiera le había dado las gracias por no haberla dejado pagar su parte del taxi. - ¡Va ¡ Qué mas da si no nos vamos a ver nunca más. Belén no debería a ver dicho la frase nunca más. A la mañana siguiente cuando Belén salía del portal, alguien le dijo: - Señorita vera, yo quisiera dar le las gracias por compartir el taxi conmigo, para mi era de vital importancia llegar a esa reunión, me gustaría invitarla a un café. Belén siempre se preguntó por qué no dijo que no a ese primer café. A la tercera cita, Belén sabia de Ramón que era casado, tenía dos hijos y era un empresario importante Y Ramón sabia de Belén que estaba casada, tenía dos niñas y su marido era panadero. Los martes y viernes eran para Belén los días mágicos pues veía a Ramón de tres a cinco. A veces, Belén se confesaba delante del espejo del baño mientas se arreglaba para él. - ¿Por qué empecé esto? Quizás por que me gusta el riesgo, mi vida es demasiado simple, estoy enamorada de Ramón. O quiero vivir esa aventura que no tuve a los 17 años. ¡OH, Dios Ni siquiera me siento culpable. A veces cuando paseaba con Ramón y se quedaba mirando alguna joyería, él siempre le decía lo mismo: - Me gustaría comprarte un regalo algo que sellase más nuestro secreto - No Ramón, no quiero regalos, tengo lo mas valioso de ti, tu tiempo. Para Belén lo más maravilloso era cuando se juraban que este secreto solo sería de los dos. Ramón nunca faltó a sus citas con Belén, ni tan siquiera en verano cuando ella se iba al pequeño apartamento de la playa. Por eso esa tarde se fue muy preocupada cuando él no acudió a la cita. Aquella noche mientras cenaban, se enteró por la tele de la muerte de Ramón: un infarto segó su viuda, así lo dijo el locutor. Cuando su marido comentó los ricos también se mueren, Belén se mordió tan fuerte los labios que tuvo que irse al baño para limpiarse la sangre qué brotaba de su boca. A solas en el cuarto de baño volvió a confesarse en el espejo, entre las imágenes que le devolvía el espejo veía a Ramón jurándole que ese secreto solo les pertenecía a ellos dos. ¡No Ramón no tenias ningún derecho a sacar nuestro secreto, ¿Por qué me has tenido que poner en tu testamento?. Yo que nunca quise regalos, no quise nada que se pudiese comprar con dinero, sólo te quise a ti y tu tiempo.