viernes, 26 de diciembre de 2014

Los dos hombres y la chimenea.



-Maestro - preguntó un hombre - quiero aprender
 de tu sabiduría. Me gustaría poder tomar la
 decisión adecuada en cada momento. ¿Qué debo hacer?
 ¿Por donde debo empezar?

magoEn lugar de contestar,
 el sabio le formuló una pregunta:

- De una chimenea salen
 dos hombres. Uno con la cara tiznada
 y el otro con la cara limpia,
 ¿cuál de los dos irá a lavarse?

- Es evidente -dijo el hombre,
 sin pensarlo demasiado- que se
 lava la cara el que la tiene sucia.

- ¡En absoluto! –dijo, entonces,
 el sabio. ¡El que está limpio! Pues,
 éste, al ver al compañero sucio
 enfrente de él, se dice:
 “Ya que está sucio, yo también
 debo estarlo. Por lo tanto,
 tengo necesidad de ir a lavarme”. Mientras que el que está sucio,
 al ver a su compañero limpio, se dice: “Puesto que él está limpio,
 yo también debo estarlo. Por tanto no es necesario que vaya a lavarme”.

No siempre lo evidente acerca a la actitud adecuada. Ve a casa y piensa.

El hombre se fue y regresó a los quince días.
 Entonces le dijo al sabio:

- ¡Qué estúpido fui! Tenías razón.
 El que se lava la cara es el que la tiene limpia.

- En absoluto –contestó el sabio. ¡El que está sucio!
 Pues éste, al ver sus manos llenas de hollín,
 se dice: “¡Estoy sucio! Tengo que ir a lavarme”.
 Mientras que el que está limpio, al ver sus manos limpias
, se dice: “Como no estoy sucio no tengo necesidad de lavarme...”.

La inteligencia y la lógica no siempre pueden darte una
 evaluación sensata de una situación. Sigue pensando.

El hombre regresó a su casa y pasados quince días volvió:

- ¡Ya sé, maestro! Los dos se lavan la cara. 
El que tiene la cara limpia, al ver que el otro
 la tiene sucia, cree que la suya está sucia y
 se lava; y el que la tiene sucia, al ver que el
 otro se lava la cara después de verlo, comprende
 que la tiene sucia y también se la lava.

El sabio hizo una pausa y luego añadió:

-No siempre la analogía y la similitud te servirán
 para llegar a la evaluación correcta si no es de una manera fortuita.

-No entiendo –dijo, desalentado, el hombre.

El sabio lo miró atentamente y le dijo:

-¿Cómo puede ser que dos hombres bajen por
 la misma chimenea y uno salga con la cara
 sucia y el otro con la cara limpia? Los dos,
 forzosamente, tienen que tener la cara sucia.

Cuando un problema está mal planteado, todas las soluciones son falsas.