martes, 30 de septiembre de 2014

Un cuento triste




Como todas las tardes Amelia tomaba un baño y después se sentaba frente al espejo para arreglarse por horas, sacaba una gastada caja de pinturas, un labial carmesí y un par de pequeños aretes que trataba con extremo cuidado, el brillo de estos era tan intenso como el amor que le tenía al muchacho que se los había obsequiado, ese mismo para quien se embellecía todos los días.
Después de ponerse el mejor de sus vestidos, se sentaba junto a la ventana a escuchar el timbre que anunciaba la hora de salida de los empleados de la fábrica, entonces su corazón latía más rápido, pues sabía que su amado venia corriendo a su encuentro, trayendo entre sus manos alguna flor silvestre que recogió en el camino o un detalle elaborado solo para ella en su clase de carpintería.
Amelia esperaba con total ilusión, sin apartar la vista del camino, pero con el paso de las horas, su sonrisa se marchitaba, las lágrimas brotaban y terminaba con el corazón hecho pedazos, hasta que el cansancio la vencía, haciéndola dormir recargada en la ventana. Entonces dos chicas entraban en la habitación, la tomaban con cuidado entre sus brazos, para llevarla a dormir a su cama; le ponían una cómoda pijama, quitaban los adornos de su cabello, desmaquillaban tiernamente su rostro, y finalmente guardaban nuevamente los aretes en su lugar especial.
Una de las chicas sonreía mientras besaba el arrugado rostro de Amelia, y la arropaba con cariño; mientras que la otra dejaba notar una mueca de desacuerdo… ambas chicas salían de la habitación en silencio y apagaban las luces, para después entrar en una acalorada discusión. La mayor insistía en contarle la verdad a Amelia, decirle que el chico jamás vendría, que había muerto años atrás, la otra en cambio, pensaba que no le hacía daño aquella ilusión, pues lo olvidaba todo mientras dormía y al siguiente día, despertaba muy contenta para esperar de nuevo a su amor.
Finalmente, las dos daban un respiro y seguían con las cosas tal cual eran, pues ambas amaban mucho a su abuela Amelia.