viernes, 31 de enero de 2014

Carta abierta de un hijo ateo a sus padres

Hola papá, hola mamá, les escribo esta carta porque desde hace tiempo nos hemos alejado. Exactamente desde que les informé que soy ateo. Por eso creo conveniente explicarles el porqué dejé esas ideas que ustedes me inculcaron para volverme algo que según las normas religiosas, me alejaría de cualquier posibilidad de una vida eterna feliz: Quiero que sepan que mí ateísmo no nace de falta de valores. Que no es una moda. Que no es un berrinche o una forma de llevarles la contraria. Que no soy drogadicto, alcohólico ni delincuente. Sino que al contrario: mí ateísmo nace de la franca, concienzuda y esforzada labor de entender mí entorno de forma sincera, con base en pruebas reales, testables, falsables. Sé perfectamente que no entiendo todo ni mucho menos, pero también sé que la postura más abierta y humilde es aquella que nos permite la duda y, consecuentemente, la búsqueda de la información y respuestas. Es algo que me ha costado y me cuesta aún. No es sencillo ser ateo, pero ustedes me enseñaron que debo ser sincero conmigo mismo y con los demás. Eso se los debo. Recuerdo que de niño, cuando rezábamos repitiendo incesantemente oraciones, me preguntaba “¿qué Dios apreciar la repetición absurda de esto?” y esa fue la primera luz en la tiniebla religiosa. Posteriormente, los absurdos cuentos bíblicos, las religiones que dicen amar, pero discriminan, la idea de vivir en un lugar que nadie ha visto con el exclusivo fin de venerar, durante toda una eternidad a Dios o la propia idea de ese Ser contradictorio en sí mismo me hizo dudar. Asimismo el pensar que fueron ustedes que me educaron con amor, un amor de padres que pude sentir a diferencia del supuesto amor “divino” que pregona la religión. Gracias a ustedes es que no discrimino, no violo, no mato, no robo, trato de ser mejor cada día. Gracias a ustedes es que tengo valores, no es gracias a la religión ni Dios. Todo eso me lo plateé en su momento y la duda se sintetizó en la pregunta ¿es cierta la afirmación “Dios existe”? Investigué, pude determinar que no solo no hay prueba real de ese Dios ni que por el contrario, todo apunta a que no es verdad. Que toda la idea de los dioses, desde su inicio, parece ser producto de nuestros propios cerebros, como necesidad primigenia de explicar nuestros entornos de forma que podamos comprenderlos y, posteriormente, adecuar nuestros actos. Que la idea del Dios occidental, ese Dios de la Biblia, es una amalgama de ideas de otros dioses que fueron adecuadas en su momento y que ha tenido éxito, pero no más del que tuvo en su momento las religiones antiguas como las griegas o egipcias, por mencionar un ejemplo. Que las religiones fueron, son y serán, instituciones sociales que sirven para regular el comportamiento humano a través de reglas, algunas veces derivadas de necesidades sociales, otras de las necesidades del jefe de turno. Que no existe libro divino, ni norma divina, ni idea divina, por el simple hecho que no existe más evidencia de lo “divino” que lo que el mismo autor dice: que fue inspirado, lo cual no es prueba de ello. Que la fe entendida de forma religiosa, no puede ni debe ser una virtud, sino al contrario, es una malformación de nuestro intelecto ya que no es correcto ni sano creer ciegamente en nada, mucho menos, en algo que no puede siquiera conocerse (supuestamente) de forma efectiva hasta la muerte. Que existen explicaciones factibles y lógicas para lo que desconocemos que un sencillo y esquivo “Dios lo hizo” que no resuelve nada, sino que cambia la duda de lugar. Es por ello que concluí que la respuesta lógica es negar la afirmación “Dios existe” y esa negación me lleva necesariamente a ser un ateo. Descubrir todo eso fue un camino difícil ya que iba contra mi propia formación, contra ideas y normas inculcadas desde mí infancia, sin embargo he llegado hasta aquí, hasta el punto de decir francamente que soy ateo y que soy lo que soy, gracias a quienes me formaron: ustedes principalmente. Por eso quiero agradecerles ya que la formación que ustedes mismos me proporcionaron es lo que me permitió ser ateo, pero no se asusten ni me malinterpreten por favor, ustedes me enseñaron a pensar por mí mismo, a valorar las pruebas que se me presentan respecto de las supuestas verdades que otros dicen tener, a no creer en otros por el simple hecho que lo digan, a no confiar per se en una afirmación sin el sustento lógico y fáctico preliminar y posterior. Fueron ustedes mis primeros maestros y, directa o indirectamente, han sido hasta hoy mi mayor influencia. Sé que esto puede molestarlos ya que imagino que pensarían que al haberme inculcado valores o principios religiosos estaban haciendo lo correcto. No dudo que su intención siempre fue buena, que han querido siempre lo mejor para mí y por eso precisamente es que me dejaron libre para pensar por mí mismo y decidir y, lo más importante, encarar los problemas. Es eso lo que hago hoy y deseo que entiendan que independientemente de si soy ateo o creyente, sigo siendo yo, su hijo. Su hijo ateo que ahora entiende de mejor manera sus limitaciones, que trata de disfrutar más sus emociones y sentimientos, que sabe que su paso por este Mundo es tan fugaz que no puede desperdiciarlo. No soy peor persona que antes, tal vez mejor en algunos sentidos ya que entiendo que no podemos discriminarnos con base en ideas religiosas, o que ni el pastor, cura, sacerdote o brujo de turno tiene la verdad, o que no debo guiarme por lo que me ordena un libro. Sé perfectamente que puedo estar equivocado, pero he sido sincero con lo que he pensado y lo que he concluido ha sido mediante el razonamiento más honesto que puedo tener. Si me equivoco, asumiré mis consecuencias, tal como ustedes me lo enseñaron y si tengo razón, no habré desaprovechado el valioso tiempo en situaciones absurdas. En todo caso nada de lo que haga o deje de hacer, piense o deje de pensar respecto de la religión, debería afectar la relación de familia porque esta no puede basarse en ideas religiosas, eso sería una aberración. Una familia debe de estar unida, no porque todos compartamos las mismas ideas o tengamos pensamientos uniformes e invariables, sino porque nos aceptamos, cada uno con su exclusiva forma de pensar. Recuerden que piense lo que piense, será invariable que soy su hijo. Creo que eso es todo, no pienso cambiarlos ni es mí intención. Solo quiero que entiendan y que sepan que me duele que con base en las discrepancias religiosas las familias tengan que alejarse, dejando de lado lo verdaderamente importante: la sana convivencia y posible felicidad, desperdiciando el único recurso verdaderamente finito para cada uno de nosotros: el tiempo.