martes, 3 de febrero de 2015

La carreta vacía.







Caminaba con mi padre, cuando se detuvo en una curva y, después de un pequeño silencio, me preguntó:
¿Oyes algo más que el cantar de los pájaros?
Agudicé mis oídos y algunos segundos después, le respondí: Sí, es el ruido de una carreta.
Eso es. Una carreta vacía - me dijo.
- ¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la hemos visto?, pregunté a mi padre.
Entonces, una vez más, me mostró su sabiduría: Es muy fácil darse cuenta: "Cuánto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace."
Me convertí en adulto y hasta hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y tratando con superioridad a los demás... O a aquellos, que no pueden estar, sin el estímulo de parlantes o de un televisor, que impiden todo tipo de diálogo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:
"Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace" Y a la vez: "cuánto se regocija el corazón, cuando vemos pasar una carreta repleta de carga preciosa, silenciosa, plena”.