martes, 16 de diciembre de 2014

Trozos a "grosso modo" de mi vida.....

Para que me conozcan un poquito más, mis nuevos seguidores, vuelvo a publicar  Trozos a "grosso modo" de mi vida....



Recuerdo mi niñez en la década del cincuenta y me sorprende el cambio tan grande que ha habido. En aquella época cuando solo los papás salían a trabajar y las mamá se quedaban en casa a educar a los hijos todo era mas simple. Yo vine al mundo en el seno de una familia de muy bajos recursos, pero tuve las cosas mas importantes a las que un niño puede anhelar, una madre presente que nos daba mucho amor (digo nos daba porque somos cuatro hermanos) y alimentos sobre la mesa todos los días. Me acuerdo que cuando tenia siete años, mis padres habían comprado un terreno en una zona rural  de Montevideo  con mucho sacrificio  pensaban  construir ahí nuestra casa propia, pero era muy difícil poder hacerlo pagando un alquiler y criando cuatro hijos, entonces pidieron un préstamo al banco y lograron levantar el esqueleto de una casita modesta, pero el entusiasmo de ellos nos la hacían ver como que lo que estaban por hacer era algo así como el palacio de Versalles. Con el correr de los meses pudieron techar dos de esos siete ambientes de los que constituirían la casita de noventa metros cuadrados. Un día nos sorprendieron y nos dijeron que nos mudábamos al nuevo hogar, esos dos dormitorios que tenían techo y que papá con madera de cajones de verdura les había hecho puertas y ventanas, así no tendríamos que seguir pagando alquiler y ese dinero lo irían invirtiendo en la construcción de la casa. Fue toda una odisea, irnos de un barrio de la zona urbana a otro totalmente opuesto donde no teníamos agua ni energía eléctrica. En ese tiempo no teníamos televisión ni ningún otro electrodoméstico, así que con velas , alguna lampara a queroseno y una radio a pilas eso lo sobrellevamos bien. El problema mas grande era el agua, la teníamos que acarrear de una bomba que estaba como a medio kilómetro de casa, ESE LÍQUIDO VITAL nos consumía mucho tiempo del día ya que era necesario para todo, higienizarnos, lavar la ropa, darle de beber a los animales, cocinar, regar las plantas,etc.
Era un trabajo de todos, mamá iba con nosotras, papá iba solo y mi hermano cuando no estaba estudiando también tenia que hacerlo. Parecía que el tanque de docientos litros que teníamos que llenar en casa, llevaba mil, no se llenaba nunca.
 Otro problema, el baño; papá lo había hecho como a 30 metros de la casa, al fondo del terreno. Era muy pero muy precario, porque ese baño iba a ser temporario hasta que pudiéramos comprar los artefactos y hacer el de la casa. Me acuerdo que eran cuatro palos clavados en la tierra formando un rectángulo de un metro y medio por dos, después le puso unas maderas arriba clavadas para que quede mas fuerte y lo forro con bolsas de arpillera, la puerta era de madera y el techo de chapa, más simple imposible y como no pasaba la sanitaria por ese barrio todo caía en un pozo negro, el piso al principio era césped natural, un poco después fue de cemento que era mas fácil para limpiar, todavía tengo mi olfato impregnado de olor a creolina. Una anécdota referente al baño, me acuerdo y todavía me sigo riendo, les cuento, era un día de invierno, estaba lloviendo y había mucho viento, mi hermano  agarro un paraguas viejo y fue al baño, de repente sentimos un estruendo, miramos para el fondo y vimos a mi hermano subiéndose los pantalones y al baño que se habita volado para el terreno del vecino, al otro día papá lo volvió a instalar.
Me hubiera gustado tener un celular y haber podido compartir fotos de aquellos días y aquellas peripecias que pasábamos con todos ustedes, pero en aquel tiempo ni teléfono de linea teníamos. Aunque las fotos sí las tengo, pero grabadas en mi mente.
Con todo el sacrificio de mis padres, mis hermanos y mio propio no cambiaría ni un segundo de mi niñez, fue una etapa muy feliz de mi vida y de mucho aprendizaje, uno aprende a valorar  mucho más todo, desde lo material hasta el cariño y el amor con que fuimos criados.
En cualquier otro momento les sigo contando otro trozo de mi vida, esto es apenas el aperitivo.



De a poquito, muy lentamente, nuestra casa fue avanzando.
Como ya les conté somos cuatro hermanos, papá quería que todos estudiáramos, mi hermano que es el mayor quería ser radiotelegrafista de la fuerza aérea y ahí lo anotaron, en ese tiempo se usaba el sistema de código morse, si no quedaba arrestado venía a casa los fines de semana porque estaba bajo  régimen militar, tenía 16 años. Aparte de estudiar también le daban un surtido de comestibles  y 20 dolares por mes, se quedaba con unos pesitos y el resto lo aportaba a casa.
Mi hermana de 12 años quería aprender corte y confección, así que cuando termino la escuela primaria fue a una academia de Singer a hacer un curso y aunque no lo termino lo que aprendió fue suficiente para hacernos la ropa a nosotros y a algún vecino que necesitaba algo. Después estaba yo, tenia 8 años e iba a la escuela y un poquito mas tarde llegaría ni hermana menor a la cual yo le llevo 9 años.
Aparte de ir a la escuela o a estudiar, en casa cada cual tenía sus tareas marcadas, mamá cocinaba, lavaba la ropa y otras tareas domésticas, mi hermana ayudaba a mamá haciendo mandados,  las camas, ordenando los dormitorios, cociendo, etc. Mi hermano cuando estaba en casa tenia que remover tierra para plantar algunas hortalizas, mi tarea era alimentar darle agua y mantener limpios los corrales de los animales.
Al principio cuando recién nos mudamos a la casa, extrañábamos mucho el barrio anterior, entonces nos compraron dos ovejas, mas tarde llegaron gallinas, patos, conejos, cerdos y hasta una vaca.
El agua seguía siendo un problema, aunque ahora ya no íbamos a la bomba, un vecino que tenia un manantial nos permitía sacarla de allí, nos quedaba mas cerca. Al mismo tiempo mis padres habían contratado a un pocero, primero vino con una ramita con la cual se paseo por todo el terreno tratando de adivinar adonde había una veta de agua, marcó un punto bien cerca de casa y ahí empezó a escavar.
Y escavo un metro, dos, tres,cuatro y a medida que escavaba tenía que ir forrando el pozo con ladrillos  para que no se desmorone , llego a los doce metros de profundidad , el agua no apareció y los recursos de mis padres se acabaron. A esa profundidad ya era tosca, un poco mas difícil de escavar.
Mi hermano decidió que en sus ratos libres iba a bajar Él al pozo y seguir cavando y así lo hizo, nosotros ayudábamos extrayendo la tosca y bajandole ladrillos y cemento para que siguiera forrandolo. Nos llevo mas de un año , tuvimos que ahondar el pozo hasta los 23 metros cuando encontramos esa maravillosa veta  de agua que buscamos, estábamos felices, esto nos enseño que la perseverancia siempre rinde frutos. El problema del agua se había terminado.
No crean que todo era trabajo, también teníamos tiempo para jugar, juguetes no teníamos, de lo único que me acuerdo es de un surki a pedal con caballo de madera, no me acuerdo si era nuestro o de algún primo.
Los vecinos tenían tres hijos con los cuales nosotros jugábamos correteando por el campo tratando de cazar mariposas, haciendo carreras de cascarudos, trepándonos a los árboles, remontando cometas caseras hechas con cañas y papel de diario. Con ramas de sauce llorón nos hacíamos hula hoops y nos contorneábamos como locos. Nos divertíamos muchísimo y todo sin gastar ni un peso y lo mejor de todo era que teníamos que usar nuestra mente y creatividad para lograr alguno de esos cometidos.
La primera televisión del barrio la compro una vecina a la cual nosotros le comprábamos la leche recién ordeñada, fue todo un acontecimiento, los chiquilines del barrio no sabíamos que hacer para que la señora nos invitara a verla y un día se dio. Me acuerdo que estábamos todos tan ilusionados, no podíamos esperar hasta las 18  que era la hora de la primera cita con la tele, toda una novedad para nosotros. A esa hora estábamos todos como soldaditos prontos para ver esa nueva cosa de la que tanto se hablaba. Antes de salir para la casa de la vecina tuvimos que escuchar las recomendaciones de mamá, "mucho respeto a los señores de la casa, nada de molestar, dejar todo ordenado como cuando llegamos, etc,etc etc..
El primer programa que vimos se llamaba "El sexto sentido", era de suspenso, cuando llego la hora de irnos para casa estábamos todos muertos de miedo, en la calle de tierra no había luz, salimos todos juntitos como una piña, yo creo que si a alguien les daba por asustarnos con seguridad nos hacíamos
encima.


La cita con la tele siguió todas las semana, el mismo día y a la misma hora. Y los meses siguieron pasando, lo mismo que los años, nunca monótonos, siempre había algo para hacer, mis padres nos mantenían entretenidos, Yo siempre fui un espíritu libre, no me gustaban los quehaceres domésticos, así que mientras mi hermana mayor ayudaba a mamá adentro de casa yo me ocupaba de los animales, de mantener limpios los corrales, darles de comer y agua, también hacia cemento y levantaba paredes para hacer mas corrales, los animales se multiplicaban y necesitaban mas espacio.
Un día de verano a en la tardecita, nos vinieron a visitar un matrimonio, amigos de mi hermano y por ende también nuestros, en ese momento papá estaba limpiando unos mejillones que el mismo había recogido en la playa, mamá estaba remendando unas medias de mi hermano.
Ya todos habían dejado las actividades que estaban haciendo, para atender a la visita, el mate ya estaba haciendo la ronda. Mientras papá hablaba de política y fútbol con el Sr., mamá y la señora  como siempre cuando se juntan mujeres hablaban de los hijos y de la economía del hogar, aparte de chismear de de los acontecimientos del barrio.
Eso hacían ese día, yo aunque no intervenía escuchaba como mamá se quejaba de que a pesar que papá tenia dos trabajos, el dinero nos era muy escaso, aveces ni llegábamos a fin de mes.
Aunque nosotros tratábamos de ayudar, mi mama y hermana vendían retazos de tela que le comprábamos a un tío que trabajaba en una textil e insumos para costureras en la feria de los domingos, y yo como tenia boletos de estudiante iba con un canasto a vender huevos al barrio de los Judíos, ademas de estudiar y hacer mis labores asignadas en casa.
Ni bien terminé primaria me anote en secundaria, pero mi timidez me jugo muy mala pasada, aunque me comía los libros, cuando un profesor me llamaba al frente para decir la lección, mi respuesta era siempre ¡no estudie!, quede repetidora.
El año posterior ya no quise ir al liceo, así que me anotaron en la universidad del trabajo para que aprendiera ayudante de arquitecto, me gustaba, me iba bien, pero al segundo año tuve que dejar porque mis padres no podían costearme los compases de precisión, libros y materiales que me exigían.
Después hice un curso de educadora pre escolar del cual tengo el diploma.
Siguiendo con el tema  de lo que hablaba  mamá con la señora que estaba de visita, Santa se llamaba la Sra,, esta le comento de un matrimonio joven que se habían ido para Alemania y les estaba yendo muy bien, lo mismo que a un muchacho que emigro a Estados Unidos hacía unos meses y ya les estaba mandando remesas a sus padres para ayudarlos.
Ese comentario fue como plantar una semilla en mi cerebro.


Empecé a pensar que quizás el emigrar seria una salida fácil de esa situación por la cual estábamos pasando. Se lo comente a mamá, le dije," te acordás de lo que te contaba tú amiga el otro día, de ese matrimonio que se fue para Alemania y del muchacho que les esta yendo tan bien, bueno a mi me gustaría irme a trabajar a otro país y probar suerte, ¿que te parece?". Me dijo "estas loca, ni lo sueñes, solo tenes quince años y ni que tuvieras veinte, sola no te vas a ningún lado. Cuando seas un poco mayor y consigas alguien que te quiera, te cases y que quiera seguirte en tus locuras entonces ahí no va a haber problema, soltera no". ¡Que bajón!. Después de esa respuesta me tranquilice un poco.  Para ese entonces mi hermana  mayor estaba ennoviada con un muchacho del barrio, excelente persona con el cual se caso en diciembre de 1967. En el correr de ese mismo año exactamente un día antes del casamiento de mi hermana estaba haciendo unos mandados para los aprontes de la reunión que íbamos a hacer y parado frente a un bar por el cual yo tenia que pasar estaba este joven y para mi buen mozo que me saludo al pasar, yo ni siquiera lo mire, siempre fui muy tímida. Pasaron unos meses. Un día una amiga me convido para ir a un baile, el segundo de mi vida, al primero había ido con mis padres y una prima que había venido de Buenos Aires, le pedí permiso a mamá y me dijo que le pidiera a papá, después hablaron entre ellos y me dieron permiso de ir no sin antes hacerme las preguntas de rutina, con que persona mayor íbamos a ir, a que hora empezaba, etc. Me dieron permiso para estar hasta la una de la mañana, a esa hora mamá me iba a estar esperando en la puerta, papá era muy estricto con los horarios así que yo sabía que no podía extralimitarme. Y que les cuento que en ese baile estaba un muchacho que a mi me gustaba que trabajaba en una bicicleteria, pero también estaba el joven que había visto el día antes del casamiento de mi hermana. Al ratito de entrar al baile me saco a bailar el muchacho de las bicicletas, con El baile unas cuantas piezas, después volví a mi mesa y cuando quiero acordar se me acerco el joven del bar y también me invito a bailar, por delicadeza salí a bailar con El también, me acuerdo que se bailaba como en ronda alrededor del salón pero el nunca me sacaba para la orilla estábamos siempre en el centro, después me entere de que siempre bailábamos en el centro del salón porque El había ido con una novia que tenia y la suegra, les había dicho que iba al baño. Me hablo, me dijo que le gustaba y que quería volver a verme, a mi ya me estaba empezando a gustar, así que le dije que podíamos vernos el próximo sábado en la esquina de casa y después veríamos que pasaba. El tiempo paso volando, ya eran la una, me tenia que ir. Mamá me estaba esperando. Cuando salí me pregunto como me había ido, le dije que bien. Me hablaron dos muchachos le dije, uno el de las bicicletas, el otro el que me saludo en la esquina, el que trabaja en la barraca de leña. ¿Cual te gusta mas le pregunte?.Me dijo: "el de la barraca", ok le dije quede de verlo el sábado en la esquina de casa. El sábado llovió así que no fui. Ahí quedo la cosa por un tiempo hasta que un día iba a tomar el ómnibus para ir al centro y me vio, venia conduciendo el camión de la leñera donde trabajaba, clavo los frenos, se bajo y me dijo"que paso que nunca fuiste a la cita"; yo fui le dije, nos debemos haber desencontrado, como llovía yo fui un poco mas tarde, quizás fue eso. Bueno entonces volvamoslo a intentar , te espero hoy a las ocho y hablamos ¿que te parece?, esta bien, nos vemos luego. Cuando volví a casa le conté a mamá lo ocurrido y le pregunte si podía salir a verlo a las ocho, me dejo pero me recordó que a mi papá no le gustaba que anduviéramos viéndonos en la calle con nadies, así que si quería volverme a ver iba a tener que venir a la puerta de casa. Y fui y charlamos. Me contó que era del interior del país que se había venido a trabajar a Montevideo a un tambo cuando tenia quince años, ahora tenia veintisiete, que a los siete años había perdido a su mama y que a los nueve se fue de su casa para trabajar en establecimientos rurales con casa y comida. Había tenido una vida muy dura, pero siempre camino derecho; me cuenta que cuando se fue de la casa el padre le dijo:" si te querés ir andante pero trata de andar siempre por el camino correcto, vas a encontrar personas buenas y malas y vas a tener que elegir cual camino te conviene tomar, espero que tomes buenas decisiones".  Hablamos de muchas cosas y al final me dijo que le gustaría seguir viéndome, entonces le dije, a mi no me permiten verme con nadies en la calle así que si no te importa podes venir a la puerta de mi casa y charlamos. Y el martes vino y después el jueves y el domingo y cuando mis padres se dieron cuenta que el asunto se estaba volviendo serio me dijeron que tenia que entrar a hablar con mi papa. Papá era un pan de dios, si necesitabas algo y el podía dártelo no lo dudaba un segundo y te lo daba, pero por otro lado era muy serio y muy estricto. Nosotros le teníamos un respecto que rozaba al miedo, aunque nunca nos pego. Bueno, el que una vez si se llevo una paliza fue mi hermano, resulta que el iba al liceo pero no le gustaba, entonces dos por tres se hacia la rabona, eso era un día acá y otro día allá, así que mama le hablo y le dijo que tratara de ponerse las pilas porque ellos se privaban de muchas cosa para tener el dinero  para el ómnibus todos los días para que el fuera a estudiar y a ella le había llegado una carta de que faltaba mucho. Le dijo que esa vez no le iba a decir a papa pero si le llegaba otra carta no se salvaba. Y así fue como dos meses después recibió una carta diciendo que hacia dos semanas que no asistía al liceo, entonces mamá no tuvo mas remedio que hacérselo saber a papá. Me parece que lo estoy viendo, papá venia a casa comer  a medio día y mamá encima del plato puso la carta y le dijo a mi hermano, "esto es lo que tu padre va a almorzar hoy", mi hermana y yo  pensábamos de que antes que papa viniera mama la iba a sacar pero no fue así. Y papá llegó y ahí estaba la carta, "ese es tu almuerzo" le dijo , se sentó leyó la carta y lo llamo para el dormitorio. Y entre chancletazo y chancletazo le pregunto porque no iba al liceo, mi hermano sollozando  le dijo que no le gustaba, entonces papá le dijo que pensara que iba a estudiar porque a trabajar no iba a ir y El le dijo que quería ir a la escuela de aviación. Cuando lograron inscribirlo en la escuela técnica de aeronáutica siempre estuvo entre los tres mejores de su grupo. Era lo que le gustaba. Y era con ese señor, Don Héctor como lo llamaban en el barrio, hombre de pocas palabras con el que mi festejante iba a tener que hablar. Se armo de valor y entro a casa, yo llame a papa y le dije "papa Pocho quiere hablar contigo", entonces entro papá le dio la mano y le dijo"bueno usted dirá", entonces Pocho le dijo que como El ya sabía hacia un tiempito que nos estábamos conociendo y que si podía seguir viéndome ya que venia con fines serios. Papá le dijo que no había problema, que las reglas de la casa eran tres días por semana, dos horas, de veinte a veintidós , y que los días los elegíamos nosotros. Y eso fue todo, dijo buenas noches y se retiro. Cuando hacia dos o tres meses que de que hablábamos en casa, saque la conversación de que me gustaría emigrar para ver que pensaba El del asunto. Me di cuenta de que mucho no le agradaba, así que le dije que lo pensara bien ya que yo estaba decidida a irme a trabajar a otro lado y si El no me acompañaba era mejor de que termináramos la relación en ese momento, que yo igual me iba sola. Yo ya sabia que mi mamá no me dejaba pero se lo dije para apurarlo, estaba segura de que tarde o temprano iba a ceder. Para ese entonces estábamos pensando en casarnos y estábamos comprando materiales para edificar en el terreno de mis padres, pero al paso que íbamos seria para dentro de mil años porque lo que El ganaba era muy poco y yo no trabajaba. De a poco le fui haciendo ver que si lo intentábamos nos podíamos casar mas rápido y podríamos estar juntos que era lo que mas queríamos. Deje pasar una semana y volví a la carga, le pregunte si lo había pensado, me dijo que sí, que lo había estado pensando y que aunque era algo que a El nunca le había pasado por la cabeza estaba decidido a hacerlo si eso era lo que yo quería. ¡ Que suerte, pronto iba a concretar mi sueño!, ¡ ojala todo saliera bien!. Después de decirle a mamá y al resto de la familia empezamos a hace los papeles para viajar y los aprontes para casarnos. Para sacar el pasaporte mis padres tuvieron que ir a firmar porque yo aun era menor, y aunque sacar toda la documentación era tedioso y costoso no era lo peor. Lo mas difícil iba a ser conseguir los pasajes y algún dinero para llevarnos. Primero habíamos pensado irnos para Australia, en ese tiempo, (fines del sesenta),  mucha gente elegía ese destino, pero yo prefería Canadá o Estados Unidos. Nosotros lo pensamos bastante y al final decidimos irnos a Canadá, ahí yo tenia un primo y me decía que era mas tranquilo que EE.UU. El se había ido para allí hacia poco con su señora embarazada y aunque estaban ilegales no les estaba yendo mal, mi primo había conseguido trabajo y su señora no trabajaba por su avanzado estado de gestación. A principios del setenta ya teníamos fecha para casarnos, iba a ser el 26 de junio, solo por civil, ni siquiera teníamos plata para anillos, así que los obviamos, lo mismo que la reunión y todo lo demás. A mi en casa me regalaron una tela con la cual me hice hacer un trajecito, los zapatos y la cartera me los regalo mi hermana mayor que trabajaba en una zapatería, a mi novio los patrones le regalaron el traje, los zapatos se los compro El. Mi hermano nos prestó  su apartamento por tres o cuatro días para pasar la luna de miel y El y su señora entretanto se quedaban en la casa de mis padres. También habíamos ido a una agencia de viajes a averiguar por los pasajes, salían mil docientos dolares cada uno, preguntamos como se podían financiar. Nos dijeron que se podían financiar por intermedio de un banco pero como no teníamos ningún respaldo material para cubrirse necesitábamos una garantía. Había que ver como arreglábamos  ese problema. Como siempre se lo dijimos a mis padres y ellos me dijeron que si ellos servían me firmaban poniendo de garantía la casa. Esa casa que con tanto sacrificio habían construido y que aun no estaba terminada. Después de idas y vueltas logramos arreglar el asunto de los pasajes, los agendamos para el día 8 de julio. Ahora solo nos faltaba algo de dinero para llevar, ¡otro problema!. Otra vez recurrimos a la familia, esta vez le toco a mi hermana mayor, como sabíamos que su esposo conocía a un prestamista particular le preguntamos si a El le parecía posible de que ese señor no prestara algún dinero, nos dijo que El iba a hablar con el prestamista. A la semana nos dijo que había hablado con ese señor y que nos podía prestar $10.000 (40 dólares), en aquel tiempo un dolar costaba $250. Nosotros estábamos locos de la vida, ya estaba todo arreglado. Ahora pensando en retrospectiva no me doy cuenta de por que estábamos tan contentos, lo que a nosotros nos parecía un dineral no era nada y para completarla nos los tuvieron que prestar dos veces, porque la primera vez cuando íbamos para el centro a cambiar los pesos uruguayos en dolares nos robaron en el ómnibus y otra vez nos quedamos sin nada. Nos queríamos morir , nos agarramos una amargura terrible. ¿Que íbamos a hacer ahora?. Empezar a remar otra vez, recurrimos a mi cuñado una vez mas y no consiguió otros diez mil pesos, cuando esto paso ya nos habíamos casado y faltaban solo unos días para irnos. Al principio cuando tenia tantas cosas que arreglar estaba tan entretenida que no me había puesto a pensar realmente en el paso que íbamos a dar, ahora que solo faltaban tres días para irnos me estaba poniendo nerviosa. Recuerdo que como no quería que mamá me viera llorar me fui a sentar al fondo, con mis animales, las gallinas, chanchos, patos, conejos, etc; pero seguro, ella como toda madre sabía lo que me estaba pasando.








  • Ahí estaba, parada al lado mio, con su delantal descolorido, vio que estaba llorando y me dijo "Vicky,  mira que no importa que ya tengas los pasajes y que debas pagar el dinero que pidieron  y todo lo demás si te arrepentiste y ahora no te querés ir de alguna manera lo vamos a arreglar". Le dije que se quedara tranquila, que ya se me iba a pasar. Después de eso trate de no demostrar lo que sentía, aunque por dentro estaba muy pero muy nerviosa. Era la primera vez que me iba a alejar de mi familia, salir del Uruguay y no era para irme cerquita donde si no me gustaba me podía volver enseguida, era para irme muy lejos. Pero la decisión ya estaba tomada. Y llego el día, pusimos las últimas cosas que estaban por ahí sueltas en la valija y la cerramos, no teníamos mucho, todo lo que teníamos entro en una valija. Lo que si llevábamos era un corazón lleno de sueños e ilusiones.  Era cerca de medio día y debíamos salir para el aeropuerto, nos llevo mi cuñado con mis hermanas y mamá, de papá me despedí en casa. Ahí ya no pude aguantar el llanto, papá nos deseo suerte y nos dijo que nos cuidáramos el uno al otro, que estaba seguro que nos iba a ir bien. Nos dio un beso y partimos. La otra tragedia fue en el aeropuerto, despedirme de mi mamá y mis hermanas fue horrible, ahí si, llore desde que subí al avión hasta que llegue a Buenos Aires nuestro primer trasbordo. El itinerario era de Montevideo a Buenos Aires después Rio de JaneiroMiami y por ultimo Toronto en Canadá. En Argentina tuvimos un contratiempo, llegamos a aeroparque a las tres PM pero la conexión que teníamos salia de Ezeisa a las cuatro PM, no había manera de que llegáramos a tiempo. El próximo vuelo era al otro día. Nos dijeron que teníamos que pasar la noche allí, les dijimos que la culpa no era nuestra si ellos habían hecho mal las conexiones que nosotros no teníamos dinero para pagarnos un hotel, que vieran que podían hacer. Después de tres horas de espera nos dijeron que nos iban a llevar a un hotel que tendríamos la cena y el desayuno gratis no así las bebidas alcohólicas, además nos iban a dar unos pases para un ómnibus que al otro día nos iba a llevar al aeropuerto de Ezeisa. Todo solucionado. Esa noche después de instalarnos en la suite del hotel, que dicho sea de paso era muy paquete, decidimos bajar a cenar. Para nosotros todo era una novedad ni yo ni Pocho jamas habíamos pisado un hotel, nos sentíamos como sapo de otro pozo. Cuando entramos al restaurante a  Pocho le dijeron que para entrar se tenia que poner corbata, el tenia puesto el pantalón del traje la camisa y el saco pero la corbata se la había sacado así que tuvimos que subir de nuevo a la habitación para que se ponga la corbata. Bajamos otra vez y nos sentaron en una mesa muy linda con la servilleta elegantemente plegada sobre el plato simulando una paloma. La tomamos y nos la pusimos sobre la falda haciéndonos los finos. Al ratito en unas bandejitas plateadas trajeron unos pancitos y en un platito chico unos cositos que parecían ñoquis, yo tenia tanta hambre que tome uno y me lo puse en la boca, no me gusto. Cuando Pocho lo provo se dio cuenta que era la manteca. Empecé a leer el menú el que venia muy bien encuadernado, todo tenia nombre raro, poulette a la kingbrochette con salsa de champinion, no veía por ningún lado milanesa con papas fritas o churrasco con puré algo que nosotros conociéramos así que cuando el mozo vino le pedí que me explicara que eran algunas de esas cosas. Al final nos quedamos con el pollo al horno con unas papitas chiquitas al horno (poulette a la king con papitas noicette). Yo pedí una Coca Cola porque era gratis pero como a Pocho le gustaba el vino le dije que se pidiera una botellita chica de vino y así lo hizo. Nos costo cinco dolares y dos dejamos de propina. Ya solo nos quedaban treinta y tres dólares, ese era todo nuestro capital para encarar nuestra nueva vida en Canadá. Después de cenar volvimos a la suite y como toda mujer curiosa me puse a revisar los cajones de las mesitas de luz, ahí lo único que encontré fue una biblia, después le toco el turno a un escritorio y ahí lo que encontré fue papel, lápiz y sobres así que me puse a escribirle una carta a mis padres para contarles el contratiempo que habíamos tenido en Buenos Aires y también decirles que ya los estaba extrañando. Cuando termine de escribir,puse la carta en el sobre y bajamos a conserjería a preguntar adonde la podía poner en el correo, ni siquiera tuvimos que salir del hotel ahí mismo la pudimos poner en el buzón


  • Averiguamos a que hora teníamos que estar prontos para ir al aeropuerto al otro día y nos dijeron que iba a ser alrededor de la una de la tarde, así que decidimos levantarnos temprano para salir a recorrer un poco la ciudad de Buenos Aires y así lo hicimos. Recorrimos todo lo mas que pudimos a pie por supuesto, no estábamos en condiciones de gastar ni un peso. No fue mucho lo que pudimos ver pero todo lo que vimos nos encanto. Volvimos al hotel cansados de la caminata, ya era casi hora de partir, nos llamaron por teléfono a la habitación para decirnos que bajáramos que había una camioneta esperándonos para llevarnos hasta el ómnibus que nos llevaría hasta Ezeiza. Bajamos con la valijas y ahí empezó nuestro viaje a Canadá.

  • Fue un viaje de 48 horas desde que salimos de casa hasta llegar a Toronto, Canadá.
    Como íbamos sin visa tuvimos que pasar por emigración, un verdadero suplicio, los oficiales de emigración sabían que la mayoría de las personas que llegaban desde latino-américa   iban para quedarse a trabajar y ellos no debían permitirlo, así que nos tuvieron una cuantas horas en las cuales no sabíamos si nos permitirían entrar, o nos deportarían en el momento. Como no hablábamos ingles nos pusieron una traductora, en todo momento nosotros decíamos que estábamos de luna de miel y que el patrón de mi esposo nos había regalado los pasajes, cuando nos preguntaron cuanto dinero llevábamos no tuvimos mas remedio que decir la verdad, por si teníamos que mostrarlos ( 33 dólares), también les dijimos que esperábamos un giro de dinero que nos iba a llegar en cualquier momento, no teníamos mas remedio que mentir.
    La traductora aprovechando un momento en que el oficial salio de la oficina, nos dijo que ella sabía que nos íbamos a quedar, que iba a tratar de ayudarnos traduciendo lo que le parecía que el oficial quería escuchar, al rato siguió el interrogatorio. En un momento el oficial nos dijo que con treinta y tres dólares solo nos daba para una noche en un motel y ¿que pasaría si no nos mandaban mas dinero? y "nos iremos le dijimos". Se fue otro rato, me parece que gozaba  dejarnos esperando y nerviosos.
    Habíamos llegado a las tres de la tarde y ya eran las ocho de la noche y seguíamos en el aeropuerto, cansados, con hambre y deseando que tomaran una decisión de una vez por todas. Eran las ocho y media de la noche cuando el oficial por intermedio de la traductora nos hizo saber que nos sellaría el pasaporte con una visa por un mes, creo que nunca sentí un alivio tan grande.
    Tomamos la valija y salimos rápido, no sea cosa que se arrepintiera y nos hiciera volver.
     Como ya les conté yo tenía un primo en Canadá  pero no podíamos  nombrarlo porque estaba ilegal,  cuando salimos de emigración, pero todavía en el aeropuerto, buscamos un teléfono para llamarlo, necesitábamos 10 centavos canadienses para usar el teléfono, no los teníamos, tomamos un dolar americano, fuimos al cambio y lo único que dijimos fue teléfono, no sabíamos como se decía cambio para el teléfono, pero nos entendió y nos dio  10 moneditas de 10 centavos. Llamé a mi primo, no podía creer que éramos nosotros y que ya estábamos ahí. Él solo hacia tres meses que estaba por esos lares,  estaba trabajando pero aún no tenia auto para irnos a buscar. Nos dijo, "ok, yo no voy porque si me agarran con la visa expirada me van a deportar,  pero les mando un amigo a que los recoja y los traiga para casa, quédense tranquilos en mas o menos una hora va a estar por allí, y así fue.
    Estábamos sentados en un banco cuando se nos acerco un muchacho y nos preguntó si eramos los primos de Carlos, les dijimos que sí y no dijo que él era quien venia a buscarnos.
    Por fin salimos del aeropuerto, una brisa fresca nos saco del letargo de todas las horas de encierro que tuvimos, caminamos hasta donde estaba el auto aparcado, subimos y el muchacho nos dijo que tuvimos mucha suerte de que nos dejaran entrar porque últimamente estaban muy estrictos y deportaban a casi todos los que llegaban sin visa.
    Parece que la suerte nos estaba acompañando, veremos  lo que nos espera en esta nueva tierra que adoptamos.
    Llegamos a la casa de mi primo, contentos de vernos,  mientras nos hizo unos sandwiches y tomamos unas sodas abrimos la valija y les entregamos unos kilos de yerba, dulce de leche, un perfume y cartas que les habían mandado, nos pusimos al día con todas las noticias de la familia, hablamos de todo un poco.
    Cuando miramos el reloj eran las tres de la mañana, el mismo amigo que nos trajo del aeropuerto nos presto un colchón para tirar en el suelo y poder descansar, recuerden que Carlos solo hacía tres meses que estaba ahí, no le sobraba nada.  Y sí,  mi primo vivía en una casa, pero solo alquilaba el sótano, ahí vivía con su esposa y su bebé de dos meses y medio, arriba vivían los dueños de la casa, emigrantes portugueses, unas personas muy amables que sabían de estas cosas de empezar en un país desconocido.
    Al otro día de llegar mientras Carlos trabajaba salimos a caminar con Isabel (mi prima política y su bebé) por el barrio, fuimos a un parquecito que estaba cerca, los árboles de un verdor increíble, flores por todos lados, un lugar precioso. Las casitas todas divinas, todo abierto, sin rejas ni alambrados el césped impecable, flores y mas flores, mas que nada tulipanes que es la primera flor que aparece ni bien se derrite la nieve.
    Cuando Carlos llego del trabajo, después de almorzar o cenar, no se como decirle, porque allá se come solo una comida principal y es alrededor de las seis de la tarde, luego de que la gente llega de trabajar, nos llevaron a un supermercado que estaba cerca, ahí nos gastamos los treinta y dos dolares que llevamos.
    La economía de mi primo no estaba bien, era él solo trabajando y tenía que solventar los gastos de la casa mas a su señora y el bebé.
    Carlos le dijo a Pocho que ya estaba hablando con sus amigos y en su trabajo para conseguirle empleo lo antes posible, yo también quería salir a trabajar, le dije que hablara por mi también.
    Como a la semana de haber llegado el Sr.  Portugués dueño de la casa nos dijo a Isabel y a mi que en una fábrica de alhajas de fantasía estaban tomando mujeres, que si nos interesaba él mismo nos llevaría al otro día temprano, quedaba como a dos kilómetros, le dimos las gracias por haberse preocupado y le dijimos que sí, íbamos a ir.
    A las ocho de la mañana el Sr. ya estaba pronto para llevarnos, Carlos estaba trabajando, así que le dejamos el bebé a Pocho y nos fuimos. Creíamos que volveríamos enseguida, pero después de llenar unos formularios con ayuda del señor que nos llevo que entendía ingles, nos dijeron que nos podíamos quedar, le dijimos al Sr. que por favor cuando volviera a la casa le dijera a Pocho que había un biberón preparado para el bebé en la heladera, que lo entibie, y se lo diera cuando pensara que tenía hambre.



  • Primer día de trabajo. Había muchos empleados, la mayoría mujeres, muchas de ellas hablaban ingles, a estas no le entendíamos nada, pero también había otras que hablaban portugués e italiano y con estas sí nos comunicábamos bastante bien.
    Como supervisora teníamos a una italiana, la que con una demostración práctica nos enseñaba lo que debíamos hacer. A Isabel y a mi nos sentaron juntas, era como volver a la escuela, eran mesas largas con seis sillas por mesa, estábamos todos sentados mirando para el frente, lo único que faltaba era el pizarrón y la maestra.
    La italiana nos trajo una caja de zapatos llena de cadenitas finitas para el cuello, lo que nosotros teníamos que hacer era ponerles un arito grande en una punta y en la otra otro arito que abre y cierra.
    El primer día era todo una novedad, nos gusto el trabajo, estábamos entusiasmadas, el sueldo era cuarenta y cinco dolares por semana por cuarenta horas de trabajo, de ocho de la mañana a cuatro y media de la tarde.
    A las diez de la mañana teníamos diez minutos para ir al baño y estirar las piernas, de doce a doce y media el almuerzo, esa media hora no era paga, y por ultimo otros diez minutos.
    Ese primer día volvimos a casa a las cinco y quince, nos llevo cuarenta y cinco minutos hacer esos dos kilómetros a pie. Cuando llegamos Pocho tenia al bebé en brazos, le había dado el biberón, lo había hecho dormir y dijo que no había llorado para nada, lo único que no había hecho era cambiarle los pañales.
    Pocho era el menor de ocho hermanos, jamas haba cuidado ningún bebé, así que no lo hizo tan mal; igual Isabel esa misma tarde hablando con los dueños de la casa, consiguió una señora que le cuidara al niño mientras nosotros trabajábamos.
    ¡ Como me gustaría contarle todo esto que estoy viviendo a mis padres y hermanos, como los extraño!.
    Recuerden que en el setenta el único medio para comunicarnos era el correo, también estaban los teléfonos, pero no todos las familias lo tenían, si yo quería llamar a mis padres desde Canadá los tenia que llamar a un almacén que estaba a dos cuadras de donde ellos vivían y las llamadas internacionales eran caras.
    Nosotros nos comunicábamos por carta, entre  que yo mandaba una carta y recibía contestación pasabas un mes y medio o dos.
    ¡Como me hubiera gustado haber tenido un teléfono celular o una compu y poder comunicarme con ellos, no a cada rato, pero aunque mas no fuera una vez por día!.
    Pero como dice el dicho,"cada pro tiene su contra y cada contra su pro", estas vicisitudes me enseñaron a tener paciencia, a saber esperas, a tomar decisiones.
    Ahora eramos solo Pocho y yo, cada decisión la tomábamos entre los dos.
    A las dos semanas de empezar a trabajar, recibí mi primer sueldo, cuarenta y cinco  dolares, aunque cobrábamos todas las semanas la ultima siempre quedaba atrás. Estaba contenta, con Pocho habíamos decidido darle algo a mi primo por los gastos que ocasionamos y nos quedarnos con unos pesitos.
    Por fin Pocho se pudo comprar una cajilla de cigarrillos, hacia una semana que no fumaba, se veía preocupado porque no conseguía trabajo, yo le decía que tuviera paciencia que algo le iba a salir.
    Justo al mes de haber llegado mi primo vino con la noticia de que ya tenia trabajo para Pocho en la misma fabrica que Él trabajaba, a mi esposo se le iluminaron los ojos, por fin las cosas se iban encaminando.
    Cuando Pocho empezó a trabajar nos pusimos en campaña para conseguir un apartamentito o algo adonde mudarnos, nos llevábamos muy bien con mis primos, pero como dice el refrán "el casado casa quiere", aparte no esta bueno invadir la intimidad de los demás, ya bastante habían hecho por nosotros, era hora de arreglarnos por nuestra cuenta y dejarlos a ellos tranquilos hacer su vida en familia.
    Comente en el trabajo que estaba buscando algún lugar para irnos a vivir, que eramos solo dos personas mayores, al otro día la supervisora, (la italiana), me dijo que para fin de mes iban a tener terminado el sótano de la casa de ella y lo iban a alquilar, que si queríamos podíamos ir a verlo. Fuimos caminando con mis primos, lo vimos y nos gusto, era chiquito, una cocina grande, un baño chico con ducha, un dormitorio mediano y un living en el que solo entraba un sofá y una mesita ratona, pero para que queríamos mas si no teníamos ni un mueble. La italiana me dijo que me lo alquilaban con cocina y heladera y que como sabia que nosotros no teníamos nada me iba a prestar una mesa,  alguna silla y un sofacama. Todavía faltaban dos semanas para mudarnos así que aprovechamos para comprar algunas cosas para la casa, lo mas necesario.
    Antes de mudarnos, una tarde vino de visita el muchacho que nos trajo del aeropuerto, conversando le dijimos que a fin de mes nos mudábamos y nos pregunto,"ya tienen todo?", no, la señora que nos alquila nos va a prestar algunas cosas le dijimos,entonces el nos dijo," esta noche vamos a salir con el auto a recorrer algunos barrios de gente de plata y van a ver que en la basura vamos a encontrar cosas útiles, aquí en Canadá la gente compra nuevo y tira lo viejo, algo vamos a encontrar".
    No creo que se puedan imaginar las cosas que se pueden encontrar, esa misma noche ya teníamos cama colchones, una mesita de noche, tres sillas, y algún tacho para la cocina y no juntamos mas nada porque el auto parecía un carro alegórico con los colchones y la parrilla de la cama arriba del techo.
    Como tenía el numero de teléfono de la italiana, la llamé para pedirle si me permitía llevar algunas cosas para guardar en el garaje de su casa hasta que nos mudáramos, me dijo que no había problema, así que eso hicimos. Con los años nosotros hacíamos lo mismo con los recién llegados, le llamábamos la recorrida de amoblamiento.
    Como ven las piezas del puzzle iban encajando cada cual en su lugar, estábamos felices, lo único que opacaba mi felicidad era no tener a mi familia cerca para compartir esos momentos.



    Queridos amigos del blog, creo que por ahora lo voy a dejar por aquí. No se porque tengo la sensación de que los estoy aburriendo, después de todo es una vida como cualquier otra, con sus altos y bajos, cariños para todos los que me vienen aguantando hasta ahora, quizás mas adelante, si mis amigos me lo reclaman, tomo empuje y sigo esta historia.
    A todos muchas gracias y nos estamos leyendo con otras historias, cuentos, poesías o reflexiones.Saludos.