viernes, 21 de noviembre de 2014

Los pavos no vuelan....



Un paisano encontró en Catamarca un huevo muy grande. 
Nunca había visto nada igual. Y decidió llevarlo a su casa. 
-¿Será de un avestruz? -preguntó a su mujer. 
-No. Es demasiado abultado -dijo el abuelo. 
-¿Y si lo rompemos? -propuso el ahijado. 
-Es una lástima. Perderíamos una hermosa curiosidad 
-respondió cuidadosa la abuela. 
-Ante la duda, lo voy a colocar debajo de la pava que 
está empollando huevos. Tal vez con el tiempo nazca 
algo- afirmó el paisano, y así lo hizo. 

Cuenta la historia que a los quince días nació un 
pavito oscuro, grande, nervioso, que con mucha avidez 
comió todo el alimento que encontró a su alrededor. 
Luego miró a la madre con vivacidad y le dijo 
entusiasta: 
-Bueno, ahora vamos a volar. 

La pava se sorprendió muchísimo de la proposición de 
su flamante cría y le explicó: 
-Mira, los pavos no vuelan. Te sienta mal comer 
deprisa. Entonces trataron de que el pequeño comiera 
más despacio, el mejor alimento y en la medida justa. 
El pavito terminaba su almuerzo o cena, su desayuno o 
merienda y les decía a sus hermanos: 
-Vamos, muchachos ¡a volar! 
Todos los pavos le explicaban entonces otra vez: 
-Los pavos no vuelan. A ti te sienta mal la comida. 
El pavito empezó a hablar más de comer y menos de 
volar. Y creció y murió en la pavada general: ¡pero 
era un cóndor! Había nacido para volar hasta los 7,000 
metros. ¡Pero nadie volaba..!  
El pobre cóndor no se animo a seguir su sueño de volar
y murió ahí, entre los pavos.