sábado, 2 de agosto de 2014

Todo tiene una razón.




Algunas veces las personas llegan a nuestras vidas y rápidamente nos damos
 cuenta de que ésto pasa porque debe ser así para servir un propósito, para
 enseñar una lección, para descubrir quienes somos en realidad, para
 enseñarnos lo que deseamos alcanzar. Tú no sabes quienes son estas personas,
 pero cuando fijas tus ojos en ellos, sabes y comprendes que ellos afectarán tu
 vida de una manera profunda.

Algunas veces te pasan cosas que parecen horribles, dolorosas e injustas,

 pero en realidad entiendes que si no superas estas cosas nunca hubieras
 realizado tu potencial, tu fuerza, o el poder de tu corazón.

Todo pasa por una razón en la vida. Nada sucede por casualidad o por la suerte;

 enfermedades, heridas, el amor, momentos perdidos de grandeza o de puras
 tonterías, todo ocurre para probar los límites de tu alma.

Sin estas pequeñas pruebas la vida sería como una carretera recién pavimentada,

 suave y lisa. Una carretera directa, sin rumbo a ningún lugar, plana, cómoda y
 segura, más empañada y sin razón.

La gente que conoces afecta tu vida. Las caídas y los triunfos que tú experimentas

 crean la persona que eres. Aún se puede aprender de las malas experiencias.
 Es más, quizás sean las más significativas en nuestras vidas.

Si alguien te hiere, te traiciona o rompe tu corazón, dale las gracias porque te

 ha enseñado la importancia del perdón, la confianza y a tener más cuidado de
 a quién le abres tu corazón.

Si alguien te ama, ámalos tú a ellos, no porque ellos te aman, sino porque te

han enseñado a amar y a abrir tu corazón y tus ojos a las cosas pequeñas de la vida.

Haz que cada día cuente y aprecia cada momento, además de aprender de todo

 lo que puedas aprender, porque quizás más adelante no tengas la oportunidad de
 aprender lo que tienes que aprender de este momento.

Entabla una conversación con gente con quien no hayas dialogado nunca y

 escúchalos y presta atención.

Permítete enamorarte, liberarte y poner tu vista en un lugar bien alto. Mantén

 tu cabeza en alto porque tienes todo el derecho de hacerlo. Repítete a ti mismo
 que eres un individuo magnífico y créelo, si no crees en ti mismo, nadie más
 lo hará. Crea tu propia vida, encuéntrala y luego vívela.