miércoles, 3 de septiembre de 2014

Se trata de elegir.

José siempre estaba alegre y tenía algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba cómo le iba, respondía: “Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”.
Era un gerente único. Varias camareras lo habían seguido de un restaurante a otro por su actitud. Era un motivador natural. Si un empleado tenía un mal día, José estaba allí para ayudarle a encontrar el lado positivo de la situación.
Este estilo me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a José y le pregunté:
  • No lo entiendo. No se puede ser una persona positiva todo el tiempo, ¿cómo lo hace?
Respondió:
  • Cada mañana me despierto y me digo: “Tienes dos opciones hoy; puedes elegir estar de buen humor, o de mal humor”. Opto por estar de buen humor. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello. Prefiero aprender de ello. Cuando alguien viene para quejarse, acepto su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida. Escojo señalarle el lado positivo de la vida.
  • Sí claro; pero no es tan fácil -protesté.
  • Sí, lo es -dijo-. Todo en la vida gira en torno a las elecciones. Cuando quitas lo demás, cada situación es una opción. Eliges cómo reaccionas, cómo la gente afectará a tu estado de ánimo; tú eliges estar de buen humor o de mal humor. En resumen: tú eliges cómo vivir la vida.
Poco tiempo después dejé la industria gastronómica para iniciar mi propio negocio. Perdimos el contacto, pero cuando tenía que hacer una elección importante, pensaba en José. Más tarde me enteré de algo que le sucedió en un restaurante. Antes de cerrar, se dejó la puerta de atrás abierta y fue asaltado por tres ladrones armados. Le obligaron a abrir la caja fuerte, pero, mientras lo hacía, su mano, temblorosa por los nervios, resbaló al marcar la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Afortunadamente, lo encontraron pronto y lo llevaron a Urgencias. Después de dieciocho horas de cirugía y semanas de terapia intensiva, José fue dado de alta aún con fragmentos de bala en su cuerpo. Me encontré con él seis meses después del accidente, y cuando le pregunté cómo estaba, me respondió:
  • Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo.
  • ¿Qué pensaste en el momento del asalto?
Y contestó:
  • Lo primero que vino a mi mente fue que debía de haber cerrado con llave la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el suelo recordé que tenía dos opciones: podía vivir o podía morir. Elegí vivir.
  • ¿No sentiste miedo?
José continuó:
  • Los médicos fueron contradictorios. No dejaban de decirme que me pondría bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en sus caras me asusté… Podía leer en sus ojos: “¡Es hombre muerto!”. Supe entonces que debía hacer algo…
  • ¿Qué hiciste?
  • Bueno… uno de los médicos me preguntó si era alérgico a algo, y, respirando profundamente, grité: “¡Sí, a las balas!”. Mientras reían dije: “Estoy escogiendo vivir… opérenme como si estuviera vivo, no muerto”.
Vivió por la maestría de los médicos pero, sobre todo, por su asombrosa voluntad. Aprendí que cada día tenemos la opción de vivir plenamente. La actitud, al final, lo es todo.

Anónimo, versión de Enrique Mariscal