
La sangre corre lenta
por mis venas añosas,
se ve como azulada
en mis manos callosas.
Los dedos ya torcidos,
el reúna los aqueja,
mucho trabajo duro
sufrieron y se quejan.
Temblorosas y mustias
me siguen ayudando,
no se dan por vencidas
son guerreras luchando.
No le temen a nada,
son manos kamikaze,
adaptadas de niñas
a trabajos audaces.
Levantaron paredes,
trabajaron la tierra,
acarrearon el agua
de una bomba lejana.
Trabajaron en fabricas,
cuidaron animales,
remendaron las ropas
rasgadas de la casa.
También acariciaron
a mis viejitos lindos,
a mi esposo, mi hija, mi nieta
y a niños de mi barrio.
Ayudaron a gente
que preciso una mano,
y hoy se sienten gloriosas
con todo lo logrado.
Virginia Pollero.
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