jueves, 29 de diciembre de 2016
La luz en la ventana...
Si han seguido leyendo mis entradas del blog, seguro me conocen bien, pues he desnudado mi vida y mi pensamiento en muchas de mis publicaciones.
Por las dudas de que se sume alguien que no sabe nada de mi les cuento que soy una señora casada desde hace 46 años que tengo una hija divorciada de 44 y una nieta de 21 que son mi debilidad y mi orgullo, son personas muy inteligentes e independientes. mi esposo y yo vivimos en un ranchito pequeño en el fondo de una parcela que compartimos con ellas que tienen su casita en el frente.
Las dos trabajan , tienen sus actividades y amistades.
Por lo general los viernes y sàbados siempre salen, van a casa de amigos, cenar, bailar, en una palabra, a divertirse..
Siempre que falta alguna de las dos en la casa dejan la luz de la cocina prendida, y yo puedo verla desde mi dormitorio..
Me cuesta dormirme cuando la luz esta encendida, porque se que alguna de ellas no esta en casa y aunque Uruguay es uno de los países de sur América mas seguro, esto no quiere decir que no suceda nada.
todo lo contrario, hay arrebatos, rapiñas y en menor medida violencia de genero, homicidios y otros delitos.
Por eso hasta que la luz de la cocina no se apaga no puedo estar tranquila y conciliar el sueño como es debido.
sábado, 17 de diciembre de 2016
LOS BOTONES DE MI MADRE
Deshacer la casa de tus padres es el siguiente escalón a enterrarlos, un duro
trago que se hace con una mezcla de ternura, emoción y tristeza infinita.
Es rescatar recuerdos, encontrar pequeños tesoros que no recordabas o que
ni siquiera sabías que existían.
Te sientes como un ladrón abriendo cajones cerrados con llave, como un
intruso que husmea en intimidades ajenas. Encuentras tu propio pasado,
recuerdos de infancia, la tuya, la de tus padres, incluso la de tus abuelos,
mezclados con trazas de tus propios hijos, fotos, dibujos “para la mejor abuela”,
tarjetas…. Podrías pasar días, semanas, quieres terminar de organizarlo pero
también quieres que nunca acabe, que continúe como metáfora de aquel primer
cordón umbilical, como esa última oportunidad de sentir su olor, todavía en
los armarios llenos de sus ropas. En una de esos ratos de lágrimas y de sonrisas,
encontré los botones de mi madre, un enorme regalo para la imaginación y la
reflexión. He pasado dos tardes clasificándolos, mirándolos, casi mimándolos
y al final dejando plasmada su existencia en esta foto como un homenaje a la
mujer excepcional a muchos niveles que fue mi madre. Pero muchos de sus
atributos son comunes a una generación de mujeres, aquellas que fueron niñas
de la guerra y la posguerra pasando hambre y miedo, adolescentes y jóvenes
con una educación limitada (“ser médico es de hombres”), mujeres siempre
a la sombra y tutela primero de padres y luego de maridos (la generación que
ni siquiera podía abrir una cuenta en el banco o tener una propiedad si no era
con un varón) pero excelentes economistas que eran capaces de ahorrar, de
dirigir familias numerosas, fantásticas cocineras, cuidadoras dedicadas, maestras
de vida. Mujeres que individualmente no han hecho historia pero que como
generación trabajaron para levantar un país en ruinas y para que sus hijos
fuéramos mejores y tuviéramos más que ellas
mismas. Unas luchadoras. Los botones de mi madre me han contado muchas
cosas; he encontrado el pasado familiar en formas varias y materiales diversos:
cuero, nácar, metal, madera, plástico….; leo historias en botones de los años 50
que reconozco en una foto amarillenta de mi abuela, los de las trencas infantiles,
ropa de fiesta, de batas de estar en casa, los del uniforme de gala de ingeniero
agrónomo de mi padre, de las camisas de los babis del colegio, botones
minúsculos de ropitas de bebé, botones forrados….hay cientos de botones,
algunos preciosos, otros horribles. Resulta que en mi casa nunca se tiraba un
botón, cuando una prenda se jubilaba, se guardaban los botones y se hacía
trapos con la tela. Un eterno “por si acaso” y un constante
“esto ha costado dinero”. Y en estos cientos de botones leo el salto generacional
e intuyo cómo hemos cambiado y quizás, lo que hemos perdido. Vivimos en una
sociedad de usar y tirar, de “obsolescencia programada”, de reciclar como moda
y no como costumbre, de no apreciar que las cosas cuestan un dinero, cuestan un
trabajo y un esfuerzo; ahora somos de comprar y consumir a marchas forzadas.
Consumistas pertinaces y obsesivos. Vivimos en una sociedad siempre con prisas, descentrada, incapaz de parar a realizar tareas sencillas o poco llamativas, hemos
dejado de encontrar placer en la simplicidad de las cosas, vivimos con un pie en la
virtualidad de las redes sociales. Nuestra atención siempre dividida. Vivimos en
una sociedad en la que la palabra “ahorro” se vio sustituida por la palabra “crédito”
hace tiempo, donde en vez de prever el futuro, reservar por si se necesita, se gasta
por adelantado. No solo no se guardan esos botones sino que se compran botones
sin tener cómo pagarlos. Vivimos en una sociedad con las mujeres completamente incorporadas al mundo laboral, dejando en las casas ese hueco que nadie puede
ni podrá cubrir (y que conste que a feminista no me gana nadie); nuestras madres,
“de profesión: sus labores”, hacían esa función que aunque no reconocida ni pagada
era inmensa y que a veces incluía reciclar botones y otras no faltar ni un solo día a
abrirnos la puerta al volver del cole, o prepararnos la merienda, acudir a las
funciones del colegio, ayudarnos con las tareas de “pre tecnología”, echarnos
mercromina en las rodillas o atendernos con el “tengo sed” de por la noche. Y no,
hay cosas que solo una madre puede hacer como una madre, incluso el padre más
entusiasta y dedicado es un sucedáneo de lujo pero sucedáneo al fin. Y creo que al
menos mi madre no vivía frustrada ni alienada, al revés, sabía que hacía su trabajo
y que lo hacía bien. Ella, que siempre hubo querido ser médico, fue hasta el final,
una madre entregada, buen ejemplo de su generación. Mujer sin mediocridades,
sin ser madre, esposa o profesional a tiempo parcial y sin nunca poder darlo todo.
Y además, de premio, con un poco más de tiempo para arreglarse, organizar cenas
con los amigos o salir de fiesta (eso también me lo dicen también los botones…..).
Las mujeres de ahora, nos hemos liberado….nos hemos liberado…..¿nos hemos
liberado? La bolsa de botones se ríe de mi. Lo que no sé es cuantos botones faltan,
cuantos realmente fueron de utilidad, cuales se injertaron en otra prenda; la bolsa
solo tiene los que nunca llegaron a ver más vida que la foto en la que ahora quedan inmortalizados. Y es que al final, la vida quizás sea solo eso, una enorme bolsa de
botones. PS: Con todo el cariño y agradecimiento a mis hermanas por su tiempo y generosidad. Deshacer una casa y hacerlo bien, es poner un lazo a una familia que
ha sido feliz. Autor desconocido.
trago que se hace con una mezcla de ternura, emoción y tristeza infinita.
Es rescatar recuerdos, encontrar pequeños tesoros que no recordabas o que
ni siquiera sabías que existían.
Te sientes como un ladrón abriendo cajones cerrados con llave, como un
intruso que husmea en intimidades ajenas. Encuentras tu propio pasado,
recuerdos de infancia, la tuya, la de tus padres, incluso la de tus abuelos,
mezclados con trazas de tus propios hijos, fotos, dibujos “para la mejor abuela”,
tarjetas…. Podrías pasar días, semanas, quieres terminar de organizarlo pero
también quieres que nunca acabe, que continúe como metáfora de aquel primer
cordón umbilical, como esa última oportunidad de sentir su olor, todavía en
los armarios llenos de sus ropas. En una de esos ratos de lágrimas y de sonrisas,
encontré los botones de mi madre, un enorme regalo para la imaginación y la
reflexión. He pasado dos tardes clasificándolos, mirándolos, casi mimándolos
y al final dejando plasmada su existencia en esta foto como un homenaje a la
mujer excepcional a muchos niveles que fue mi madre. Pero muchos de sus
atributos son comunes a una generación de mujeres, aquellas que fueron niñas
de la guerra y la posguerra pasando hambre y miedo, adolescentes y jóvenes
con una educación limitada (“ser médico es de hombres”), mujeres siempre
a la sombra y tutela primero de padres y luego de maridos (la generación que
ni siquiera podía abrir una cuenta en el banco o tener una propiedad si no era
con un varón) pero excelentes economistas que eran capaces de ahorrar, de
dirigir familias numerosas, fantásticas cocineras, cuidadoras dedicadas, maestras
de vida. Mujeres que individualmente no han hecho historia pero que como
generación trabajaron para levantar un país en ruinas y para que sus hijos
fuéramos mejores y tuviéramos más que ellas
mismas. Unas luchadoras. Los botones de mi madre me han contado muchas
cosas; he encontrado el pasado familiar en formas varias y materiales diversos:
cuero, nácar, metal, madera, plástico….; leo historias en botones de los años 50
que reconozco en una foto amarillenta de mi abuela, los de las trencas infantiles,
ropa de fiesta, de batas de estar en casa, los del uniforme de gala de ingeniero
agrónomo de mi padre, de las camisas de los babis del colegio, botones
minúsculos de ropitas de bebé, botones forrados….hay cientos de botones,
algunos preciosos, otros horribles. Resulta que en mi casa nunca se tiraba un
botón, cuando una prenda se jubilaba, se guardaban los botones y se hacía
trapos con la tela. Un eterno “por si acaso” y un constante
“esto ha costado dinero”. Y en estos cientos de botones leo el salto generacional
e intuyo cómo hemos cambiado y quizás, lo que hemos perdido. Vivimos en una
sociedad de usar y tirar, de “obsolescencia programada”, de reciclar como moda
y no como costumbre, de no apreciar que las cosas cuestan un dinero, cuestan un
trabajo y un esfuerzo; ahora somos de comprar y consumir a marchas forzadas.
Consumistas pertinaces y obsesivos. Vivimos en una sociedad siempre con prisas, descentrada, incapaz de parar a realizar tareas sencillas o poco llamativas, hemos
dejado de encontrar placer en la simplicidad de las cosas, vivimos con un pie en la
virtualidad de las redes sociales. Nuestra atención siempre dividida. Vivimos en
una sociedad en la que la palabra “ahorro” se vio sustituida por la palabra “crédito”
hace tiempo, donde en vez de prever el futuro, reservar por si se necesita, se gasta
por adelantado. No solo no se guardan esos botones sino que se compran botones
sin tener cómo pagarlos. Vivimos en una sociedad con las mujeres completamente incorporadas al mundo laboral, dejando en las casas ese hueco que nadie puede
ni podrá cubrir (y que conste que a feminista no me gana nadie); nuestras madres,
“de profesión: sus labores”, hacían esa función que aunque no reconocida ni pagada
era inmensa y que a veces incluía reciclar botones y otras no faltar ni un solo día a
abrirnos la puerta al volver del cole, o prepararnos la merienda, acudir a las
funciones del colegio, ayudarnos con las tareas de “pre tecnología”, echarnos
mercromina en las rodillas o atendernos con el “tengo sed” de por la noche. Y no,
hay cosas que solo una madre puede hacer como una madre, incluso el padre más
entusiasta y dedicado es un sucedáneo de lujo pero sucedáneo al fin. Y creo que al
menos mi madre no vivía frustrada ni alienada, al revés, sabía que hacía su trabajo
y que lo hacía bien. Ella, que siempre hubo querido ser médico, fue hasta el final,
una madre entregada, buen ejemplo de su generación. Mujer sin mediocridades,
sin ser madre, esposa o profesional a tiempo parcial y sin nunca poder darlo todo.
Y además, de premio, con un poco más de tiempo para arreglarse, organizar cenas
con los amigos o salir de fiesta (eso también me lo dicen también los botones…..).
Las mujeres de ahora, nos hemos liberado….nos hemos liberado…..¿nos hemos
liberado? La bolsa de botones se ríe de mi. Lo que no sé es cuantos botones faltan,
cuantos realmente fueron de utilidad, cuales se injertaron en otra prenda; la bolsa
solo tiene los que nunca llegaron a ver más vida que la foto en la que ahora quedan inmortalizados. Y es que al final, la vida quizás sea solo eso, una enorme bolsa de
botones. PS: Con todo el cariño y agradecimiento a mis hermanas por su tiempo y generosidad. Deshacer una casa y hacerlo bien, es poner un lazo a una familia que
ha sido feliz. Autor desconocido.
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Toma tiempo....
Toma tu tiempo para vivir: es el secreto del éxito. Toma tu tiempo para pensar: es la fuente del poder. Toma tiempo para divertirte: es el secreto de la juventud. Toma tiempo para leer: es la fuente de la sabiduría. Toma tiempo para tus amistades: es la fuente de la felicidad. Toma tiempo para reír; ayuda a aliviar las pesadas cargas de la vida. Toma tiempo para soñar: ata el alma a las estrellas. Toma tiempo para amar; la unica inversion duradera de esta vida. Khalil Gibran
domingo, 27 de noviembre de 2016
Separando los tantos.
Podemos estar de acuerdo o no con otras personas en formas de pensar de cualquier índole, como de criar hijos, política, fútbol, religión, (solo por nombrar algunas), sin embargo eso no es motivo para enemistarse, faltar el respeto, agraviarlos, etc.
Cada cual tiene derecho a pensar como quiera y en lo que quiera, publicarlo y dar a conocer su forma de pensar. Pero si lo que publica, piensa o hace no es de tu agrado, lo único que debe hacer es ignorar esas publicaciones.
Cuando estas convencido de que tus ideales son los correctos no tienes que tratar de convencer a nadie de que lo que ellos piensan esta errado o equivocado. porque asì como nosotros estamos seguros que estamos en lo cierto, al igual lo están ellos.
Ignorar es la mejor manera de no dañarnos unos a los otros y vivir pacíficamente en este mundo que ya de por si es tan complicado.
Virginia Pollero
martes, 22 de noviembre de 2016
Soy un poco loca, pero soy YO.
Tengo la dicha de saber bien quien soy y no necesito el beneplácito de nadie para hacer o decir lo que quiero.
Cuando hago algo por los demás, no lo difundo, no lo hago por el reconocimiento de mis semejantes, ni tampoco lo hago en nombre de dios en el cual no creo, lo hago por la persona que lo necesita, pero mas que nada por mi paz interior y de conciencia, por el sentimiento y la alegría de saber que hice lo que debía, lo correcto.
Predico con el ejemplo la sabiduría y experiencia que me dieron y me dan los años vividos.
No me meto en la vida de nadie y no permito que nadie se entrometa en la mía.
Respeto que los demás piensen diferente aunque no lo comparta.
Soy una persona muy feliz siendo como soy y con lo que tengo, no es mucho pero tengo lo mas importante, un esposo , hija y nieta que son excelentes personas y a los que amo mas que a la vida misma, y una familia con la cual no nos vemos muy a menudo pero se que si los necesito están ahí, al pie del cañón prontos para tenderme su mano, al igual que yo y nos queremos incondicionalmente.
Tenemos los mismos valores, humildes, respetuosos, amamos a los animales, la familia, las plantas y aunque en política, religión y otros temas no todos pensamos igual, porque como toda persona inteligente cada cual tiene su propia personalidad e ideas, es mucho mas lo que nos une que lo que nos pueda separar, el amor filial es mucho mas fuerte e importante que la religión o la política.
No soy sumisa para nada, cuando alguien me ofende no soy de poner la otra mejilla, reacciono como cualquier persona normal y puedo ser muy hiriente con las palabras, mas que nada cuando se trata de defender a las personas que amo y cuando detecto cualquier injusticia sea con quien sea.
Sì, soy un poco loca, pero soy YO!!!.
miércoles, 26 de octubre de 2016
Carta de un padre a su hijo que esta en la cárcel.
Un anciano italiano vivía solo en New Jersey
el quería plantar su jardín anual de tomates
pero era un trabajo muy difícil para el,
desde que la tierra se había endurecido,
su único hijo, Vincent, quien le ayudaba antes,
estaba en prisión.
el anciano le escribió una carta a su hijo
describiéndole su predicamento:
el quería plantar su jardín anual de tomates
pero era un trabajo muy difícil para el,
desde que la tierra se había endurecido,
su único hijo, Vincent, quien le ayudaba antes,
estaba en prisión.
el anciano le escribió una carta a su hijo
describiéndole su predicamento:
Querido Vincent,
estoy muy triste, porque parece que no podre
plantar mi jardín de tomates este año,
me estoy haciendo muy viejo y no podre
escavar en el jardín.
yo se que si tu estuvieras aquí mis problemas
se terminarían, y se que tu estarías feliz de
escavar en el jardín por mi,
como en los viejos días.
te ama, Papa
estoy muy triste, porque parece que no podre
plantar mi jardín de tomates este año,
me estoy haciendo muy viejo y no podre
escavar en el jardín.
yo se que si tu estuvieras aquí mis problemas
se terminarían, y se que tu estarías feliz de
escavar en el jardín por mi,
como en los viejos días.
te ama, Papa
Días después el anciano recibió carta de su hijo
querido Papa,
no escaves en el jardín, ahí es donde están
los cuerpos sepultados.
te ama, Vinnie
no escaves en el jardín, ahí es donde están
los cuerpos sepultados.
te ama, Vinnie
A las cuatro de la madrugada del día siguiente
llegaron agentes del FBI y policía local y
escavaron en todo el jardín sin encontrar
ningún cuerpo, se disculparon con el anciano
y se retiraron.
el mismo día el anciano recibió otra carta
de su hijo.
llegaron agentes del FBI y policía local y
escavaron en todo el jardín sin encontrar
ningún cuerpo, se disculparon con el anciano
y se retiraron.
el mismo día el anciano recibió otra carta
de su hijo.
querido Papa
ahora ve y siembra tus tomates,
eso es lo mejor que pude hacer bajo estas circunstancias.
ahora ve y siembra tus tomates,
eso es lo mejor que pude hacer bajo estas circunstancias.
te amo,
Vinnie...
domingo, 16 de octubre de 2016
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