martes, 13 de septiembre de 2016

Quienes son los muertos.


viernes, 19 de agosto de 2016

Me caí del mundo y no sé por dónde se entra (para mayores de 50)



Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo. Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. Es más ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. Tiramos absolutamente todo. Ya no hay zapatero que remiende un zapatero, ni colchonero que sacuda un colchón y lo deje como nuevo, ni afiladores por la calle para los cuchillos. De “por ahí” vengo yo, de cuando todo eso existía y nada se tiraba. Y no es que haya sido mejor, es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo”, pasarse al “compre y bote que ya se viene el modelo nuevo”. Hay que cambiar el auto cada tres años porque si no, eres un arruinado. Aunque el coche esté en buen estado. ¡Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo! Pero por Dios.
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre. Me educaron para guardar todo. Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería… ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los trapos de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos…  ¡¡Guardábamos hasta las tapas de los refrescos!! Los corchos de las botellas, las llavecitas que traían las latas de sardinas.  ¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil en un par de usos.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia, para limpiar vidrios, para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne o desenvolviendo los huevos que meticulosamente había envuelto en un periódico el tendero del barrio! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer adornos de navidad y las páginas de los calendarios para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos reutilizarlos estando encendida otra vela, y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Con el tiempo, aparecía algún pedazo derecho que esperaba a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa. Nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Y hoy, sin embargo, deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de duraznos se volvieron macetas, portalápices y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza y los corchos esperaban pacientemente en un cajón hasta encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. De la moral que se desecha si de ganar dinero se trata. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte en cuanto confunden el nombre de dos de sus nietos, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos en cuanto a uno de ellos se le cae la barriga, o le sale alguna arruga.  Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a mi señora como parte de pago de otra con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que ella me gane de mano y sea yo el entregado.
Eduardo Galeano, escrito uruguayo.

miércoles, 27 de julio de 2016

“No me podría importar menos si van a la universidad”

a típica madre le diría a sus hijos que una vez finalizada la secundaria debería continuar sus estudios en la universidad para poder ser una profesional y desarrollarse mejor en el ámbito laboral. Pero Cathy Brown les recomendó totalmente lo contrario. En una carta que se viralizó rápidamente por las redes, la columnista de un célebre portal de noticias estadounidense les escribió una carta a sus hijos en la que les dice que prefiere que se vayan de mochileros por el mundo después de terminar la secundaria.

La carta completa

"PEQUEÑOS AMADOS MÍOS,
Dejemos algo claro: No me podría importar menos si van a la universidad. De hecho, hay una parte de mi que espera cualquier cosa menos eso después de la secundaria. Personalmente, preferiría que agarraran una mochila e hicieran dedo hasta Siberia, iniciaran un negocio de jabones naturales, fueran de voluntarios a Haití, lo que sea.
Se los digo como una ex obsesionada con ser la más inteligente, como su tía Mandy solía llamarme. Puede que lo encuentren difícil de imaginar ahora, pero en mis tiempos era una desagradable que lograba superar las expectativas y se decepcionaba profundamente si recibía cualquier cosa menos una A+ y una estrella dorada.
Fui a la universidad, conseguí ese papel, y les estoy diciendo de primera mano que no importa una mierda la educación que recibí respecto a mi potencial y valor para la sociedad.
Ustedes son tres de los niños más brillantes, bondadosos, apasionados y burbujeantes que conozco. También son los tres mayores dolores en el trasero que he tenido que criar, con su deseo de cuestionar todo (incluyéndome a mi, cincuenta veces al día), y su feroz independencia que deja claro que no me necesitan tanto -y no cambiaría eso por nada del mundo.
Deseo de aquí a la luna y de vuelta que cuando sean mayores tomen decisiones conscientes para resguardar estas características.
La idea de que se inscriban, solo "porque es lo que deben hacer, para pagar miles de dólares y esperar encajar en un sistema en que su educación está en los confines de una habitación me hace encogerme hasta mi núcleo.
Un lugar en que una pieza de papel y una fiesta al final se supone que deba hacerte sentir como que lograste "valer la pena". Ustedes son más grandes que eso. Por favor reconozcan que sus oportunidades para educarse a sí mismos son absolutamente ilimitadas.
Fui a la universidad para hacer felices a mi papá y a mi mamá, para hacerles sentir que hicieron un buen trabajo criando una chica muy buena. Por favor no decidan ir a la universidad porque creen que me haría orgullosa o feliz. Ya estoy orgullosa.
Si quieren ser algo como un médico o un profesor de primaria, sí, van a tener que ir. Y si quieren ir solo por la experiencia, vayan. Prueben. Vean cómo funciona para ustedes. No es necesario que funcione. Y si van, vayan solo cuando estén listos y entusiasmados, sea eso a los 18, 25 o 53.
Mi único deseo para su educación es éste:
Deseo que hagan cosas aparentemente irracionales pero llevadas adelante por la pasión, como tomar un vuelo a Perú para tratar de encontrar a ese tipo que conociste por 15 minutos en la ruta de bicicleta y al que no puedes sacar de tu cabeza. Espero que les rompan el corazón al menos una vez para que puedan saber qué tan grande es, y qué tan resiliente es.
Espero que se den cuenta de que hay un millón de maneras de apoyarse financieramente y que no les importe una mierda lo que piensen otros de sus opciones profesionales. Si criar cabras o ser un contador o vender cocos en la playa de Indonesia o ser una agente de bienes raíces les hace sentir felices de levantarse cada día para ir a trabajar, rock on. Espero que tengan el auto respeto y las pelotas para renunciar en el momento en que empiecen a sentir que se están muriendo dentro energéticamente.
Espero que aprendan no solo a abrazar, sino celebrar y valorar la espontaneidad. Que hagan otras cosas en su vida por el solo hecho de "¿Por qué diablos no?", esa es una razón completamente válida.
Tomen el auto y hagan ese viaje a Colorado. Ese día. Empaquen un saco de dormir, una caja de chocolates, un cambio de ropa, agarren el dinero para bencina y emergencias y vayan. Vean qué sucede. Pasarán un rato excelente o tendrán una excelente historia. Quizás ambos.
Aprendan a no matar buenas ideas por pensar demasiado. Seriamente, siempre puedes dar la vuelta el auto y deducir dónde devolverte. No aumentemos el drama de la situación.
Deseo que se sientan perdidos y de verdad, de verdad, de verdad asustados e inseguros para que puedan llegar a la bella realización de que tienen el coraje de afrontarlo.
Deseo que nunca estén tan intimidados por sus ídolos como para no hacer lo que necesiten para conocerlos y aprender de ellos. Son personas, también, y pueden aprender tanto de ustedes como ustedes de ellos. Acérquense. Envíenles correos, caminen y digan hola en la pieza.
Mándenles un mensaje en Twitter, conéctense a través de LinkedIn, maldita sea,invítalos por un café o una bebida y busca la disposición de subirte a un avión si eso sucede. Solo aguanta tu cabeza en alto y se tú mismo. Quizás los rechacen (su pérdida), o quizás tengan un nuevo amigo para la vida que solía ser alguien con quienes soñabas despierto.
Espero que nutran un amor por los libros -que lean no porque tienen, sino que quieren. (Ava, espero que en algún momento salgas de las novelas de romance vampiro en algún momento. Solo estoy siendo honesta).
Espero que aprendan a dar la bienvenida a los tiempos difíciles con al confianza y el coraje de un guerrero. Que abran sus ojos a todas las lecciones que esperan entre las experiencias duras que están allí para aprender. Que digan genuinamente "venga", sabiendo que están a punto de salir más fuertes y sabios del otro lado.
Espero que aprendan del placer de cuánta felicidad pueden experimentar al hacer a otras personas felices. No duden en dar flores a la señora gruñona y extraña que se sienta en la banca del parque y que luce como si no hubiese recibido flores hace demasiado tiempo.
Espero que conozcan muchas personas con las que, en un primer minuto, pensarían que no tienen nada en común. Y espero que busquen terreno común cuando los inviten cálidamente a cenar.
Espero que ganen mucho dinero y luego lo pierdan. Y luego descubran cómo ganarlo de nuevo, pero esta vez sabiendo que aunque el dinero hace las cosas más fáciles, no es tan todo poderoso como pensaban que era.
Si pueden verdaderamente lograr completar esta lista, incluso parte de esta lista, en mis ojos son mejores que el 95% de la gente que termina en deudas universitarias por la oportunidad de un "mejor" futuro, un "mejor" sueldo, un "mejor" trabajo, más estabilidad, convenciéndose a si mismos que de alguna forma son más inteligentes que el resto de las personas que no fueron a la universidad.
Si se presionan a sí mismos, si están constantemente sacándose de su zona de confort y disfrutando cada experiencia, buena o mala, como una experiencia de aprendizaje, si continúan cuestionando todo (incluyéndose a ustedes), si tratan de actuar con bondad y conciencia en todo lo que hacen, y si se dejan guiar por ese pequeño sentimiento dentro que les deja saber que están en llamas y felices de estar vivos, estarán bien.
Y cuando ustedes están bien, yo estoy bien.
No busquen solo ser inteligente por libros. No se atrapen en certificados o en lo que la sociedad les dice es lo "correcto". Evolucionen. Sean fieros. Sean fascinantes. Sean un gran pensador fabuloso. Sean absurdos. Sean apasionados.
Y por favor, no lleguen al final de su vida sin historias que contar a sus nietos, de esas que ellos no puedan creer por lo extrañas que parecen. Sepan que hay gran valor, grandes lecciones, en solamente vivir una vida interesante y verdadera para uno mismo, sin importar qué camino te lleve abajo."

sábado, 18 de junio de 2016

Les presento a Frida.

De un día para el otro apareció Frida,
muy tierna, chiquita, de ojos pintados
medio azulados.
Menos al abuelo, nos sedujo a todos,
estamos pendientes de todos sus actos,
y necesidades.
Tenerla limpita, comidas a tiempo, bolsita
caliente y de ves en cuando llenarla de mimos.
Y ella de a poquito se gana al abuelo,
lo sigue al fondo, le tira del pantalón,
llama su atención y aunque el viejito
quiera hacerse el fuerte siempre esta alerta
de que sus hermanos no puedan dañarla.
Los reta y les dice,"no ven que es chiquita".


LES PRESENTO A FRIDA.




miércoles, 15 de junio de 2016

Serà el comienzo del final?



Es noche cerrada
en mi mente cansada,
olvido los nombres,
rostros y palabras.

Debo estar atenta
a toda tarea. pues
suelo olvidarme
de algunas faenas..

Siento en mi cabeza
pájaros volando,
que cuando se marchan
me dejan planeando.

Atesoro cosas
para no perderlas
y cuando las busco
no puedo encontrarlas.

Muchas veces vuelven
raudos a mi mente
recuerdos de antaño
y algunos recientes

Pero como llegan
huyen velozmente
y sin darme tiempo
se van de repente.

Serà que mi mente
me esta desafiando
a seguir luchando
contra este letargo?

Virginia Pollero

.






viernes, 20 de mayo de 2016

Carta de un padre para su hija de 14 años de edad

Durante varios días en Facebook circulaba una publicación de una mujer dedicada a su hija con una lista compuesta de 15 puntos. Muchos la leyeron, le dieron «me gusta» y la compartieron. Sin embargo, se me ocurrió que también tenía algo qué decirle a mi hija.
Puse la lista mencionada arriba y respondí punto por punto. No soy psicólogo. Tampoco soy pedagogo. No soy el mejor padre del mundo pero quiero mucho a mis hijos.
El siguiente texto no es ningún acuerdo acerca de mis intenciones ni tampoco es un memorandum. Puede que algunos puntos no le gusten a alguien. Pero me arriesgaré.

Carta para mi hija de 14 años

1. Jamás te correré de la casa, ni dentro de 3 años, ni dentro de 30.

A los 18 años tendrás muchas opciones: podrás inscribirte en una universidad y te apoyaré todo el tiempo mientras estudias. Por supuesto, me gustaría que participaras en la vida de la familia pero también fui estudiante y recuerdo bien que los cinco años de mis estudios en el instituto no me ganaba nada más que la beca. Pero sobrevivimos y salimos adelante. Y contigo, mi niña, saldremos adelante.
También puedes no inscribirte en ninguna universidad e ir a trabajar. Recuerda, hija, si te dedicas a algo que AMAS, ya sea arte, bailes, canto, ser secretaria, cultivar cactus, cortar el pelo y uñas ajenos, archivar libros en una biblioteca, digitalizar fotos, lo que sea, el dinero será lo último que te preocupará. Pero muy pronto notarás que por el trabajo que realizas con amor y alegría, te pagan un poco más. Y luego te pagarán aún más.
¿Estaré totalmente dispuesto a mantener a una perezosa de 18 años? ¡Por supuesto que no! Yo también soy un egoísta normal. Si vives con nosotros pero no ganas dinero, aporta lo que puedas para ayudar a los demás: limpieza, lavado de ropa, preparación de comida. Pero no te gustará un papel así, ¿verdad? Entonces muy pronto encontrarás un trabajo que te guste. Y sí, el dormitorio que compartes con tu hermana siempre será su dormitorio.

2. Eres muy buena. Eres bonita. Eres inteligente. Eres fabulosa. Eres magnífica.

Solo te he conocido durante 14 años pero ya eres un mundo enorme que creció por su cuenta, ¡aunque también con mi participación! Y puedes llegar a ser mejor, mucho mejor, solo no te detengas y no cambies la dirección. ¡Si has decidido ser una buena persona, adelante! El mundo te recibirá con los brazos abiertos. Y si no, tu optimismo de todas formas triunfará. No temas ser bondadosa y abierta, así te recuperarás más rápido cuando alguien te hiera en el alma.

3. Toda la vida he intentado ser un ejemplo para ti.

Siempre has visto que no miento, no robo, no intento engañar o aprovecharme de nadie, hago honestamente mi trabajo y, sobre todo, lo amo. Pero, lo más importante, y lo sabes desde siempre, es que te amo. Somos diferentes, eres una persona absolutamente independiente (lo vi cuando apenas cumpliste unos meses) y siempre respetaré tu elección y tus valores, y, a cambio, quiero que respetes los míos. Si escucho los Beatles, no me harás mala cara, y yo no te pido que le bajes a Imagine Dragons si la música no les estorba a los vecinos (por cierto, también me gustó esa banda, ¡gracias a ti! ¿O a tu hermana?).

4. Quiero aprender a no esperar nada de ti

Mi papá, tu abuelo, dominó ese arte a la perfección. Me llama por Skype, ve mi rostro con amor profundo y se alegra como niño porque me encontró en línea. Si no puedo hablar con él por más de un minuto, simplemente se pone feliz. Y si encuentro media hora para él, su felicidad no tendrá límites. Ha intervenido en mi vida, sí. Junto con mi mamá me explicaban las ventajas de una educación superior. Deseaban mucho que recibiera un diploma, no importa cuál. «Es mi obligación darte una buena educación, -me decía mi mamá- ¡Y luego haz lo que quieras!»
Heredé el mismo punto de vista. Estudia, gánate tu diploma y luego haz lo que quieras. Pero siempre te responderé si acudes a pedir mi consejo.

5. No me debes nada.

He hecho todo lo que he podido y aún más: trabajé en tres sitios distintos al tiempo; me levanté varias veces por las noches al verte enferma y te llevaba al hospital; en lugar de dormir después de un turno nocturno, paseaba contigo muriéndome del cansancio; te cantaba canciones; escuchaba tus historias de escuela acerca de la amistad y enemistad. Lo hacía y lo sigo haciendo no porque sea mi responsabilidad de padre sino porque te quiero. Sabrá Dios cómo será mi vejez, si es que llegue a esa edad porque cualquier cosa puede pasar, pero la vida sucede aquí y ahora. Hay que disfrutar de cada momento feliz. Cuando inicies tu vida adulta, precisamente los recuerdos sobre estos momentos me llenarán de alegría. Y, por cierto, a ti también. Lo más importante es que conservarás este ambiente en tu familia también, estoy seguro de eso.

6. Tienes un hogar.

Las puertas siempre estarán abiertas para ti. Pase lo que pase, siempre estaré a tu lado si lo necesitas. Te apoyaré y te consolaré, te compadeceré e intentaré ayudarte aún cuando no me lo pidas. Y sí, me estaré metiendo en tu vida. Porque nadie tiene derecho a ofender a mi niña. No le permitiré a nadie que te golpee, insulte o humille. Solo mereces el amor (Santo cielo, ¡y eso dice la persona que acaba de gritarte obligándote a cerrar tu Facebook para que empieces a hacer tu tarea!).

7. Tengo mi propia vida.

Pero dejaré todos mis asuntos por ti, sacrificaré mi comodidad por la tuya. No se puede de otra manera porque te amo. ¿Qué más puedo compartir contigo además del amor? ¿Los cuentos de hadas? Los escuchabas con atención los primeros años de tu vida, y luego también. ¿Las canciones? Te las sabes de memoria.¿Las historias de mi vida y tu infancia? Tal vez. Pero en cualquier caso, quiero que sepas: te quiero. Llámame y ven a la hora que quieras. Juntos resolveremos cualquier problema.

8. Tienes tu vida.

Pero, de todas formas, me entrometo ¿recuerdas? Antes de que te cases, nos presentarás a tu futuro esposo, ¿verdad? En nuestra familia somos abiertos y honestos. Todos los días nos recordamos lo mucho que nos queremos, y quiero que la persona que elijas sea igual. Porque con una persona cerrada y tímida batallarías. Claro, puedes hacer lo que te diga tu corazón y el alma. Pero estoy seguro: nuestra relación familiar es tan profunda que, por supuesto, nos gustará tu elección. Si no, bueno... Tendremos que trabajar en nosotros. No somos los primeros ni los últimos, lo superaremos.

9. En la vida de cada persona aparece alguien que empieza a perjudicarla.

No empieces la batalla, no intentes ganarle. Tarde o temprano estarás en su campo y te ganará: te quitará tu negocio, se apropiará de tu idea, te quitará a tu marido o a tu amiga, te creará problemas en el trabajo o hará que todos los compañeros piensen mal de ti. Recuerda, mi niña: no es porque seas mala. Es porque esas personas no pueden ser felices de otra forma, necesitan una víctima. «Te devorarán» y luego se enfocarán en otro. La única manera de defenderte es distanciarte lo más que puedas.Si sucede algo por el estilo, ven a casa, hablaremos. Y lo arreglaremos.

10. El mundo es muy justo

Cada acto bueno que realices regresará a ti con una decena de hechos positivos.Cada acto malo... Sí, exacto. Los malos actos de personas malas también se les regresan. Sé que a veces saberlo no consuela. Pero el mundo siempre está balanceado, e incluso el desequilibrio más fuerte se arregla muy rápido. Por eso, no le hagas mal a nadie, y tampoco te lo harán a ti. Haz actos buenos y volverán a ti. Intenta no responder a actos malos con lo mismo. Estas personas recibirán el castigo de acuerdo al Juicio Superior. Porque Allá Arriba el equilibrio siempre está en observación.

11. No sabemos con seguridad qué es lo que somos capaces de hacer.

A veces parece que ya no hay fuerzas para nada, y de pronto ¡bum!... aparecen nuevas energías. A veces crees que los problemas sin resolver solo te tocan a ti. No. A mí también me tocaron. Y a tu mamá. ¡A todos! Sufrirás, llorarás y aparecerá una solución. ¡Superarás cualquier problema, mi niña! Y por ahí estaremos para ayudarte. Conmigo sí que puedes comentar tus secretos, ¡no le diré nada a nadie! Todo estará bien.

12. No le impongas tus responsabilidades a los demás. En cuanto seas mayor de edad, solo tú responderás por tus actos.

Pero (te lo vuelvo a repetir) jamás renunciaré a ayudarte, haré lo que pueda porque, desafortunadamente, no me estoy volviendo más joven. Por supuesto, debemos ayudarte, tal y como nos ayudaron nuestros padres. Y a ellos, sus padres. Y a aquellos, sus padres también. Es la costumbre familiar, cariño, no temas. Lo superaremos. Por cierto, de la misma forma ayudarás a tus hijos más adelante. Y ellos, a tus nietos.

13. Calcula. Cada acto tiene sus consecuencias.

Puede ser que no puedas adivinarlo todo. Pero intenta calcular las posibles consecuencias al máximo. Cuanto mejor te imagines tus opciones, más sensata será tu conducta(por cierto, es el único punto que copié del mensaje de aquella mujer que mencioné al principio de esta carta).

14. ¡Pase lo que pase, recuerda lo que te acabo de escribir!

Estos 13 puntos, creo, te harán sentir más segura, te harán saber que tienes una familia que te ama y harán tu vida más tranquila y segura. ¡Vive, mi niña! ¡Sueño con que tu vida sea mejor y más alegre, y estaré feliz si logras que así sea!

​​15. Y otra cosa. Si quieres llorar, ven a casa. Aquí hay muchos hombros para llorar.

¡Siempre ten tu móvil cargado porque en cualquier momento puedo llamarte para recordarte lo mucho que te quiero!
Papá
Publicado con el permiso de autor.
Autor: Oleg Bulga