martes, 1 de diciembre de 2015

"CARTA DE UNA MAMÁ A SUS HIJOS"



Siempre que quieren hablar de madres en la televisión muestran mujeres con chicos en los brazos, sonrientes, dulces, cariñosas, sin una pizca de cansancio, espléndidamente maquilladas y a eso agregan maravillosas frases de posters. ¡Mentiras! Las mamás no somos abnegadas amantes del sacrifico y aguerridas guerreras que todo lo pueden. Las mamás lloramos abrazadas a la almohada cuando nadie nos ve, pedimos la epidural en el parto y puteamos en 17 idiomas cuando tenemos que poner el despertador a las 2 de la mañana para ir a buscarlos a una fiesta. Cuando les decimos que no se peleen con ese compañerito que les dice 'enano' o 'cuatro ojos', y les damos toda clase de explicaciones conciliatorias, en realidad querríamos tener el cogote del pequeño verdugo entre nuestras manos. Y también pensamos que la vieja de geografía es un mal bicho cuando les baja la nota porque no saben cuántos metros mide el Aconcagua que, al final, a quién cuernos le importa. Pero no lo podemos decir. No es que nos encante pasarnos horas en la cocina tratando de que el pescado no tenga gusto a pescado y disimulando las verduras en toda clase de brebajes, en lugar de tirar un Patty a la plancha, es que tenemos miedo de que no crezcan como se debe. No es que nos preocupe realmente que se pongan o no un saquito, es que tenemos miedo de que se enfermen. Porque ser mamá no tiene que ver con embarazos, pañales y sonrisas de aspirinetas. Tiene que ver con querer a alguien más que a una misma. Con ser capaz de cualquier cosa con tal de que ustedes no sufran. NADA, nunca, jamás. Ustedes nos hacen felices cuando les encantan nuestras milanesas, cuando nos consideran sabias por contestar todas las preguntas de los concursos de la tele. Cuando vienen llorando a gritos porque se rasparon la rodilla y nos dan la posibilidad de darles consuelo y curitas. Cuando recién levantadas nos dicen, qué linda que estás, mamá. Ustedes nos hacen mejores. Nos dan ganas y fuerzas. Nos comeríamos un gurka crudo antes de que les toque un dedito del pie. Nos lavamos la cara y salimos del baño con una sonrisa de oreja a oreja para hacerles saber que la vida es buena, aunque nos vaya como el reverendo... Cantamos las canciones de Chiquititas y vemos Barney y escuchamos a Los piojos y compramos Nopucid y repasamos 500 veces la tabla del 2 y arreglamos el carburador para llevar a los pibes a fútbol, a inglés, a dibujo, a la psicóloga, a básquet, a volley, a danzas, a la casa de la amiga, a la maestra particular, al dentista, al médico, a comprar un pantalón. Y armamos 24 bolsitas con anillitos y pulseritas y tratamos de que la torta parezca un Pikachu y nos buscamos otro trabajo y sacamos créditos y nos compramos libros y vamos al psiquiatra y al pediatra y a los videos y negociamos con los maestros y los acreedores y recortamos figuritas y estudiamos junto a ustedes ríos, provincias, las capitales de los países de Europa y nos ponemos lindas y nos enojamos y nos reímos y nos salimos de quicio y nos convertimos en la bruja y la princesa de todos los cuentos. SOLO Y EXCLUSIVAMENTE PARA VERLOS FELICES. VERLOS FELICES ES LO QUE NOS HACE FELICES. Ojalá pudiéramos pegar el mundo con cinta scotch (como el velador que cayó en combate en la última guerra de pijamas party), para que fuera un lugar mejor para ustedes. GRACIAS POR HACERME SU MAMÁ. GRACIAS POR HACERME TAN IMPORTANTE. Gracias, por esas porquerías que hacen en el colegio con corchitos y escarbadientes (que casi nunca entiendo para que sirven, pero guardo religiosamente) gracias por los abrazos, los besos, las lágrimas, los dolores, los dientes de leche, las cartitas, los dibujos en la heladera, el Amoxidal de tantas noches sin dormir, los boletines, las plantas rotas del jardín por jugar a la pelota, por mi maquillaje arruinado por ser usado para jugar a la mamá, por las fotos de la primaria. Son mis mejores medallas. Gracias porque LOS AMO. Y ese es el amor que ME HACE GRANDE... Lo demás es marketing.
 Isabel Allende.

sábado, 28 de noviembre de 2015

ESTOY CANSADA....




Estoy cansada de la ignorancia y e hipocresía de la gente que no entiende nada de psicología infantil y y cree saber como o por quien deben ser criados los niños
Lo que los niños necesitan es AMOR, ALIMENTACIÓN, CONTENCIÓN, BUENOS EJEMPLOS DE COMO SER UNA BUENA PERSONA, QUE SE PREOCUPEN POR ELLOS, QUE LOS MANDEN A LA ESCUELA; QUE LOS AYUDEN CON LAS TAREAS; QUE LES DEDIQUEN TIEMPO, QUE LES LEAN LIBROS, QUE LOS ACONSEJEN y muchas otras cosas y lo que menos importa es quien sea la persona que cumpla con esa abnegada misión de ser padres, no importa si es madre soltera , un matrimonio heterosexual, una pareja homosexual, un padre solo, una abuela, abuelo o quien quiera que sea.
LO MAS IMPORTANTE ES EL BIENESTAR DE LOS NIÑOS, RESPETARLOS Y HACERLOS FELICES.

Virginia Pollero.

Compro...


martes, 24 de noviembre de 2015

ESTOY FELIZ....




Sí, estoy feliz, he llegado a la recta final de mi vida y puedo decir con orgullo mirando hacia atrás,  que fui una persona integra,  fui lo mas fiel a mi misma que pude llegar a ser, nunca deje de ser yo para agradar a los demás, el día que me marche definitivamente lo voy a hacer con la conciencia tranquila que he dado lo mejor de mi. Compartí toda mi sabiduría, no me llevo ningún secreto, no quiero ser una egoísta como el Coronel Sanders que nunca compartió la receta del pollo frito que le salio tan rico y yo trato y trato de emularlo y nunca me sale como a El.  o la formula secreta de la Coca Cola que esta guardada en un banco de Suntrust en Atlanta y no la comparten porque no quieren que otras personas se enriquezcan con ella, y no piensen que yo no tengo ninguna receta que me quede exquisita, una es un postre y la otra la sopa, esta última es la mas gratificante para mi porque cuando vienen las amigas de mi nieta y les digo que hay sopa gritan ¡¡¡que rico sopa de la Abu!!!, ustedes saben que les guste la sopa a los niños o adolescentes es todo un logro.
Dejando las bromas de lado y hablando en serio espero haberles hecho pasar un rato ameno con lo  que he compartido o  escrito, de mi parte les puedo decir que me he enriquecido muchísimo con sus publicaciones, los + 1 o comentarios, siempre tratándome con tanto respeto y cariño, los quiero a todos.
No, no me estoy despidiendo todavía, estoy en la recta final pero no muerta, aun van a seguir leyendo algunas publicaciones por aquí, cuando encuentre cosas interesantes para compartir o cuando este inspirada para escribir algo.

Virginia Pollero.
  










sábado, 21 de noviembre de 2015

EXPERIENCIAS DE UNA MAESTRA RURAL.






Fue en 1975, ese año en el que se nos llamo imprevistamente quince días antes de lo anunciado. Hasta los periódicos mencionaron el apuro, bien real, para preparar los guardapolvos . El apremio no fue solamente con la ropa. Teníamos ya servicio alimentario (ahora Arnaldo, no llorarías de hambre) y era una cuestión de honor para nosotros comenzar con la copa de leche el primer día de clase.

Pero no había panadería en el pueblo, y la galleta llegaría dos días después. Por aquello de “buenas son tortas”, compramos varios kilos de masitas surtidas para salir del apuro.

Pocos minutos antes del recreo, entré en las aulas para ir dejando un puñado de masitas en cada pupitre. Aún en primer grado, los chiquitos continuaron con su tarea. Pero no,. María no.. María, con once hermanos, y un padre más afecto a la bebida que al trabajo, miró esos huevitos azucarados, celestes y blancos, con figuras de animalitos, primero con asombro. De inmediato dejó su lápiz, y avidamente, con las dos manitas, comenzó a llenarse la boca. Mi mirada se cruzó con la de la maestra, y teníamos ambas la misma expresión de piedad. Para decirlo gráficamente “ se nos partió el alma”

Cuando sonó la campana demoramos a María con cualquier pretexto, sólo para poder, sin que vieran los otros chicos, llenarle los bolsillos con masitas.

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Era en 1960. Año de campos anegados, de cosechas perdidas.

Pero Jorge y Luis vivían en una quinta aledaña a la escuela, y, sin embargo, asistía a clase un día cada uno.

- ¿Por qué? – le pregunto a Luis. Ahora no tienen que cuidar a los animales. Así se están atrasando mucho.

Luis bajaba la cabeza y no respondía. Hasta que, al fin, lo venció mi insistencia. : -“ Es que tenemos un solo par de alpargatas, por eso nos turnamos.”

Y he aquí un caso de absentismo que pudo resolverse por el módico precio de otro par de alpargatas.


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                                              Como despidiéndome....

Escuela campesina,
naciste apuntalada en un anhelo,
con paredes de barro,
palo y tierra por techo.
Creciste como chico de los surcos:
con golpes, empujones, y remiendos.
y también como él te hiciste fuerte
para capear las luchas y los tiempos;
algo  pobre por fuera,
siempre rica por dentro,
que la humildad se te volvió bandera
cuando enredó con ella el alfabeto.

Yo pronto he de marcharme
por tus viejos caminos polvorientos.
Ganará la nostalgia
el lugar de los sueños,
y será tu memoria
mi bagaje sin puertos.
Tal vez, alguna tarde, caminando,
  te divise de lejos,
(tus paredes tan mías,
tus problemas tan nuestros)
Me detendré en silencio, acongojada,
                                                               
                                              para escuchar tus ecos:
                                               retazos de canciones,
                                                tímidos deletreos.
                                                 Saltarán las imágenes
                                                                       
como trozos de vida hecha recuerdo,
un revuelo sin fin de guardapolvos
me golpeará en el pecho...
Veré otra vez iluminarse ojos
de comprensión abiertos,
un fondo de banderas que se izan,
pizarrones y juegos,
mis antiguos alumnos,
tu jardín floreciendo...

Quizás , cuando me vaya sin retorno,
campanazos al cielo
me cantarán un coro
de  niños en recreo.
Y en el medio del patio,
girando con el viento,
volará en una hoja
mi destino maestro.
Telma Vaernet