miércoles, 29 de abril de 2015

Los derechos humanos....




Esta usted a favor de los derechos humanos?, entonces tiene que saber esto.

  1. Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición.

Si le preguntaras a la gente en la calle: “¿Cuáles son los derechos humanos?”, obtendrás muchas respuestas distintas. Te dirían los derechos que conocen, pero muy pocas personas conocen todos sus derechos.
Como se ha explicado en las definiciones anteriores, un derecho es una libertad de algún tipo. Es algo a lo que tienes derecho en virtud de ser humano.
Los derechos humanos se basan en el principio de respeto por el individuo. Su suposición fundamental es que cada persona es un ser moral y racional que merece que lo traten con dignidad. Se llaman derechos humanos porque son universales. Mientras que naciones y grupos especializados disfrutan de derechos específicos que aplican sólo a ellos, los derechos humanos son los derechos que cada persona posee (sin importar quién es o dónde vive) simplemente porque está vivo.
Sin embargo, muchas personas, cuando se les pide que nombren sus derechos, mencionarán solamente la libertad de expresión y creencia y tal vez uno o dos más. No hay duda de que estos derechos son importantes, pero el alcance de los derechos humanos es muy amplio. Significan una elección y una oportunidad. Significan la libertad para conseguir un trabajo, elegir una carrera, elegir al compañero con quien criar a los hijos, un compañero homosexual si así lo prefiriese. Entre ellos está el derecho de circular ampliamente y el derecho de trabajar con remuneración, sin acoso, abuso o amenaza de un despido arbitrario. Incluso abarcan el derecho al descanso.
En épocas pasadas, no existían los derechos humanos. Entonces surgió la idea de que la gente debería tener ciertas libertades. Y esa idea, a raíz de las Segunda Guerra Mundial, resultó finalmente en un documento llamado la Declaración Universal de los Derechos Humanos y derechos que todas las personas poseen.
En esta época yo agregaría que todas las personas tienen derecho a hacer lo que les plazca siempre y cuando esto no altere los derechos de los demás y respetando las leyes judiciales.

lunes, 27 de abril de 2015

El mate....



El mate no es una bebida.
Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.
Pero no es una bebida.
En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿unos mates?'.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Frente  Amplistas, Blancos o Clorados, ceban mate sin preguntar.
En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde:
'Como tomes vos'.
Los teclados de Uruguay  tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da.
La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la caldera al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañia.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.
Ahora vos sabés: un mate no es sólo un mate..

domingo, 26 de abril de 2015

HE DECIDIDO ESTAR SOLA.....Para las chicas que buscan el amor desesperadas.

Soy de quienes piensan que las mejores cosas, momentos y personas, llegan por sí solos y cuando menos se planea. Creo firmemente que aquello que se da de manera natural, a su debido orden y tiempo, siempre crea lazos más fuertes y duraderos.
He decidido estar sola por un tiempo. Y con sola, no me refiero a aislarme de las personas, sino a aislarme del amor de pareja y las mariposas en el estómago, para concentrarme en mí y crecer como persona.
He decidido dedicar más tiempo a lo que me apasiona, a mis amigos y familia. Leer más, escribir más, bailar más, cantar más, sonreír más, ser feliz por mí misma.
Procurar verme bonita para mí, arreglarme para mí y enamorarme de mi misma.
He decidido depurarme de lo que, y quienes me hacen daño: malos hábitos, malas actitudes, malos pensamientos y personas nocivas.
He decidido dar en misma cantidad el cariño y atención que me dan. No por orgullo y mucho menos por vanidad, sino porque por amor propio, debo aprender a identificar cuando doy más de la cuenta y a cambio obtengo nada.
He decidido estar sola porque no hay nadie en este mundo que pueda hacerme más feliz que yo misma. Porque el verdadero amor comienza cuando yo me amo, y sólo entonces puedo amar verdaderamente a alguien más.
No he decidido estar sola por depresión, ni por amargada, ni porque rompieron cruelmente mi corazón, ni porque ‘’todos son iguales’’… y esto último recalcado puesto que no, no todos son iguales y tampoco yo lo soy, es por eso he decidido estar sola.
El hecho de que decida estar sola, no significa que cerraré las puertas de mi corazón; significa que esperaré el tiempo necesario hasta que esté preparada para volver a amar.
El hecho de que decida estar sola, no quiere decir que me la pasaré todo el tiempo llorando; significa que disfrutaré al máximo cada emoción mientras pueda, pues a fin de cuentas, como leí alguna vez ”¿Cómo conocerías la felicidad, si nunca experimentas la tristeza?’’
El hecho de que decida estar sola, no quiere decir que no tengo la madurez para tener una relación estable; significa que tengo madurez de sobra para saber que un  amor sincero no se busca como un loco, sino que ambas personas se encuentran en el momento indicado y entonces todo surge.
He decidido estar sola, porque no hay peor cosa que una persona que le teme a la soledad. Porque estar sola no es ser una persona apática, sino una persona que aprende a conocerse a sí misma y de este modo se relaciona con personas que valen la pena.
Buscar a alguien para llenar tu soledad, es de las peores cosas que puedes hacer. Temer a la soledad, es la muestra más clara de miedo y disgusto hacia ti mismo, a quien eres. Es no saber que la felicidad se encuentra en ti, y no en otras personas u objetos.
Cuando estas con alguien sólo para no sentirte solo, terminas lastimando a esa persona y engañándote a ti mismo; porque no te unió a ella una atracción sincera y mucho menos el verdadero deseo de compartirle tu felicidad.
He decidido estar sola porque deseo sanar mis heridas, deseo rescatar mi esencia y construir mi propia felicidad para después compartirla con alguien más, que también se ame a sí mismo cuando está solo.
Quiero estar sola por decisión propia… porque pretender olvidar a una persona con otra, o pretender buscar consuelo al vacío que a veces se suele sentir, es el camino adecuado para terminar estando verdaderamente sólo, sin siquiera tenerte a ti mismo en el proceso.
Estoy sola porque sé que cuando vuelva a enamorarme, será de la manera más sincera… y no sólo por despecho o por  miedo a mí sin ti.

Escrito por: Mayeli Tellez

sábado, 25 de abril de 2015

El dia que me volví invisible.


No sé ni en qué día estamos. 
En esta casa no hay calendarios, y en mi memoria los días están hechos una maraña. Me acuerdo de esos calendarios grandes, unos primores, ilustrados con imágenes de los santos que colgábamos al lado del tocador...
Ya no hay nada de eso, todas las cosas antiguas han ido desapareciendo.
Y yo, yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta.
Primero me cambiaron de cuarto, pues la familia creció. Después me pasaron a otra más pequeña aún, acompañada de una de mis biznietas. Ahora ocupo el cuarto de los trabajos, el que está en el patio de atrás.
Prometieron cambiarle el vidrio roto de la ventana, pero se les olvidó, y todas las noches por allí se cuela un airecito helado que aumenta mis dolores reumáticos.
Desde hace mucho tiempo tenía intenciones de escribir, pero me he pasado semanas buscando una pluma, y cuando al fin la encontraba, yo misma volvía a olvidar en dónde la había puesto.
A mis años, las cosas se pierden fácilmente, claro que es una enfermedad de ellas, de las cosas, porque yo estoy segura de tenerlas, pero siempre se desaparecen.

La otra tarde caí en la cuenta de que también mi voz ha desaparecido. Cuando les hablo a mis nietos o a mis hijos, no me contestan. Todos conversan sin mirarme, como si yo no estuviera con ellos, escuchando atenta lo que dicen.
A veces intervengo en la conversación, segura de que lo que voy a decirles no se le ha ocurrido a ninguno y que les van a servir de mucho mis consejos, pero no me oyen, no me miran, no me responden. Entonces, llena de tristeza, me retiro a mi cuarto antes de terminar de tomar la taza de café. Lo hago así de repente, para que comprendan que estoy enojada, para que se den cuenta de que me han ofendido y vengan a buscarme y me pidan disculpas.
Pero nadie viene.
El otro día les dije que cuando muriera entonces sí que me iban a extrañar. El niño más pequeño dijo: “¿Ah... es que tú estás viva, abuela?”. Les cayó tan en gracia que no paraban de reír. Tres días estuve llorando en mi cuarto, hasta que una mañana entró unos de los muchachos a sacar unas llantas viejas y ni los buenos días me dio.
Fue entonces cuando me convencí de que soy invisible.
Me paro en medio de la sala para ver si aunque sea estorbo, pero mi hija sigue barriendo sin tocarme. Los niños corren a mi alrededor, de un lado al otro, sin tropezar conmigo.
Cuando mi yerno se enfermó, tuve la oportunidad de serle útil: le llevé un té especial que yo misma preparé. Se lo puse en la mesita y me senté a esperar que se lo tomara. Sólo que estaba viendo la televisión y ni un parpadeo me indicó que se daba cuenta de mi presencia. El té, poco a poco se fue enfriando. Mi corazón también.
Un viernes se alborotaron los niños y me vinieron a decir que al día siguiente nos iríamos todos de día de campo. Me puse muy contenta ¡Hacía tantos años que no salía, y menos al campo! Entonces el sábado fui la primera en levantarme. Quise arreglar mis cosas así que me tomé mi tiempo para no retrasarlos.
Al rato entraban y salían de la casa corriendo y echaban bolsas y juguetes al coche. Yo ya estaba lista y, muy alegre, me paré en el zaguán a esperarlos. Cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en el bullicio, comprendí que yo no estaba invitada, tal vez porque no cabía en el coche o porque mis pasos tan lentos impedirían que todos los demás corretearan a gusto por el bosque.
Sentí clarito cómo mi corazón se encogió. La barbilla me temblaba como cuando uno ya no aguanta las ganas de llorar.
Vivo con mi familia y cada día me hago más vieja, pero cosa curiosa, ya no cumplo años.
Nadie me lo recuerda. Todos están tan ocupados. Yo los entiendo, ellos sí hacen cosas importantes. Ríen, gritan, sueñan, lloran, se abrazan, se besan. Yo ya no sé a qué saben los besos. Antes besuqueaba a los chiquitos, era un gusto enorme el que daba tenerlos en mis brazos como si fuesen míos. Sentía su piel tiernita y su respiración dulzona muy cerca de mí. La vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantar canciones de cuna que nunca creía recordar...
Pero un día mi nieta, que acababa de tener a su bebé, dijo que no era bueno que los ancianos besaran a los niños, por cuestiones de salud.
Ya no me les acerqué más, no fuera ser que les pasara algo malo a causa de mis imprudencias. ¡Tengo tanto miedo de contrariarlos!
Ojalá que el día de mañana, cuando ellos lleguen a viejos... Sigan teniendo esa unión entre ellos para que no sientan el frío ni los desaires.
Que tengan la suficiente inteligencia para aceptar que sus vidas ya no cuentan, como me lo piden.
Y Dios quiera que no se conviertan en "viejos sentimentales que todavía quieren llamar la atención".
Y que sus hijos no los hagan sentir como bultos para que el día de mañana no tengan que morirse estando muertos desde antes... como yo.
¡Vamos a cuidar a nuestros mayores!
Autor: Silvia Castillejos Peral

jueves, 23 de abril de 2015

Me llaman loca y me alegro.





Me llaman loca porque vivo de forma desordenada, a destiempo, a impulsos, a mi manera… Hay momentos que el entusiasmo me transporta a lo eterno y no cambio el calendario; y hago días con cien horas y hago horas de cien días… A veces abrazo tan sinceramente, tan fuerte, que marco mis tatuajes en la piel de un amigo. Otras en cambio, necesito esconderme y que una decisión decida por mí y que si hay fallo, sea un fallo sin culpa… Luego me regaño y maldigo mi cobardía y prometo cambiar… Y no cambio, no sé si quiero, si puedo… Voy oscilando por senderos de hipocresía en el mundo de los cuerdos… En ese mundo en el que se sobrevive con mentiras, se vive con culpas. Se disfraza lo real de lo correcto y se mira a otro lado más cómodo… Ése, en el que seleccionas lo que quieres ver y oír, en el menú. Y te vas sentando en la mesa de cada comensal y compartes vidas vacías con personas vacías. Y cuando ya te has saciado de nada, es cuando sin recato ni disimulo te ausentas, aunque te quedes… Y vuelas por lugares imaginarios, imposibles, pero bellos, necesarios…  Y te proyectas sola, y te molesta hasta tu propia compañía y te sientes poderosa. Y desde la lejanía de un autismo voluntario, sonríes con la seguridad del que sabe que sólo el loco está cuerdo… Me llaman loca y me alegro…

martes, 21 de abril de 2015

Karma

TÚ ERES ESA GENTE


Hay gente que con solo decir una palabra enciende la luz y los rosales, que con solo sonreír entre los ojos, nos invitan a viajar por otras zonas y nos hacen recorrer toda la magia.
Hay gente que con solo dar la mano rompe la soledad, pone la mesa, sirve el ponche, coloca guirnaldas. Hay gente que con solo empuñar una guitarra hace una sinfonía de entrecasa.
Hay gente que con solo abrir la boca, llega hasta los confines del alma, alimenta una flor, inventa sueños, hace cantar al vino en las tinajas y se queda después como si nada.
Y uno se va de novio con la Vida desterrando una muerte solitaria pues sabe que a la vuelta de la esquina hay gente, que es así...
... tan necesaria. 
"TÚ ERES DE ESA GENTE"
La amistad no se agradece, se siembra y se cultiva.
Te invito a que juntos, hagamos una buena cosecha.