jueves, 29 de enero de 2015

En la misma onda.

¿Por qué te amo tanto? 
Hoy me preguntaste: “¿Por qué me amas tanto?” Te miré sorprendida, no me esperaba de ti ese cuestionamiento, me quedé callada un segundo me incliné hacia a ti y fue entonces que mirándote a los ojos te respondí:
“Te amo tanto, porque desde el día que nos presentaron no dejaste de decirme lo maravilloso que era pasar el tiempo conmigo, ni desististe de conquistarme nunca.
Te amo tanto, porque cuando me miras aún logras hacer que me derrita y no sepa que decir o qué hacer. Te amo tanto porque cada palabra que ha salido de tu boca hacía mi ha estado cargada de respeto y de dulzura.
Te amo tanto porque me has permitido compartir contigo un sin fin de penas y alegrías. Te amo tanto porque a pesar de que engorde o que adelgace, para ti siempre te parezco hermosa.
Te amo tanto porque has respetado mi independencia, mi vida profesional, mi familia y mis deberes sin sentirte menospreciado.
Te amo tanto, porque cuando sonríes o me dices “Hola”, alejas de mí todas las tristezas. Te amo tanto, porque no importa lo que ocurra, tú siempre regresas.
Te amo tanto porque ere un simple mortal con defectos y virtudes, pero con un alma buena; eres un gran hombre. Te amo tanto, porque eres amigo y consejero y a pesar de conocer mis secretos y mi pasado, nunca me has reprochado nada.
Te amo tanto, porque cada latido y cada pensamiento mío van dedicados a ti.
Te amo tanto, que le pido a la vida que te cuide mucho cuando yo no pueda cuidarte y no me canso de agradecerle el que te haya puesto en mi camino.
Te amo tanto, que sin un día murieras, seguramente en dos segundos yo me iría a tu lado, pues no hay manera de separarme de tu amor. Te aclaro que no eres perfecto, pero siempre estás aquí.

Por Dante Gebel

miércoles, 28 de enero de 2015

El peso de la responsabilidad.




Siempre me pasa, el sentir el peso de la responsabilidad que asumo por mi propia cuenta, nadie me la impone. Sobre todo el de quedarme a cargo de una muchachita feliz que todavía no lleva sobre sus hombros tener una preocupación seria mas que cumplir con su trabajo y su estudio.
La vida para ella es ocupar sus horas libres para divertirse y estoy feliz de que así sea, ya va a tener tiempo de romperse la cabeza con los problemas que la vida le va a poner en el camino , de ellos no se salva nadie.
Por cuestiones de trabajo mi hija debe viajar a República Dominicana por dos semanas, mi nieta se queda conmigo y yo por puro amor, me adjudico el rol de madre y abuela a la vez.
Me preocupa solo el pensar que algo le pase y que su mamá no este, soy consciente de que por mas que me preocupe de antemano, va a pasar lo que el destino nos tenga designado en su agenda, pero esa es mi esencia, el siempre querer ver mas allá, el preocuparme sin motivo, el querer que nadie a mi alrededor se lastime, hacerles ver los obstáculos antes de que lleguen a ellos, aún sabiendo que muchas veces es mejor que se golpeen para que aprendan.

martes, 27 de enero de 2015

Buenos días...

Buenos días a todos los amigos del blog que leen mis publicaciones, que me siguen, que comentan o simplemente pasan a ver de que se trata este rinconcito de lectura perdido entre tantos y tan buenos sitios de entretenimiento.
Siento la necesidad de disculparme con todos ustedes por no haber contestado algunos comentarios y no prestar la debida atención a mi blog como lo hago habitualmente.
Un accidente casero hace ya más de una semana me dejo dolorida y sin ganas de nada, una infortunada caída me dejo tres costillas fisuradas, nada grave´.
Tenganme un poquito de paciencia ya voy a volver a ser la de antes.
Un enorme beso para todos de esta abuela que los quiere.  

Con amor...

Con amor...

Con amor se puede
 tocar muchas vidas,
se puede alentarlas
a seguir luchando.

Pues la vida es eso,
es lucha constante,
buscando alegrías,
coraje, aventuras.

Y cuando tus sueños
 los hayas logrado
seguir adelante
debe ser tu meta

El vivir sin ansias,
 ilusión  o anhelos,
seria lo mismo
que estar muerto en vida.

Inspira a los otros
a lograr conquistas,
y de esa manera
seras altruista.

El día que faltes
vas a estar seguro
que tu amor al prójimo
sera recordado,

como esa persona
que lo dejo todo
por aquellos otros
mas necesitados.

sábado, 24 de enero de 2015

El valor...



-“Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa, que no tengo fueras para hacer nada. Todos me dicen que soy una calamidad, que no sirvo para nada, que no hago nada bien, que soy bastante tonto… ¿Cómo puedo mejorar?…¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”
El maestro, sin mirarle le dijo:
– “!Cuánto lo siento, pequeño saltamontes. No puedo ayudarte, porque debo resolver primero mi propio problema. Si quisieras ayudarme tú a mí, podría resolver el tema con más rapidez y luego, tal vez te pudiera ayudar.”.
– “Encantado”– titubeó el muchacho, aunque una vez más sintió que volvía a ser desvalorizado y vio sus necesidades otra vez postergadas.
– “Bien”, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique izquierdo y dándoselo al chico, agregó:
– “Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debes vender este anillo y trata de obtener por él la mayor suma posible, pero nunca aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas”
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con cierto interés, hasta que decía el precio que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, unos se reían, otros daban media vuelta hasta que un viejito le explicó que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio del anillo.
Después de ofrecer la joya a más de cien personas y abatido por su fracaso, montó en el caballo y regresó. Entró en la habitación y dijo:
– Maestro lo siento… no pude conseguir lo que me pediste. Tal vez podría conseguir dos o tres monedas de plata, aunque no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo”.
– “!Qué importante lo que dijiste, pequeño saltamontes”- contestó sonriente el maestro. “Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto daría por él. A pesar de todo lo que te ofrezca, nunca se lo vendas. Regresa aquí de nuevo con el anillo”.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo. Lo miró con lupa, lo pesó y luego le dijo:
– “Dile al maestro, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro”.
– ¿58 monedas??? Exclamó el joven.
– “Sí”- replicó el joyero- Sé que con el tiempo, podríamos obtener hasta 70, pero nunca si la venta es urgente.
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
– “Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo. Tú eres como este anillo: una joya valiosa y única y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida, pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?.
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.
Moraleja:
A veces, evaluamos a la ligera tanto a las personas como a las cosas. A veces lo hacemos sin conocimiento de causa, creyendo conocer todo. A veces esperamos un regalo envuelto de una manera especial y al no recibirlo de esa forma, lo rechazamos mirando sólo el envoltorio y no vemos el valor del contenido. A veces, sólo a veces, respondemos con habilidad

La Fábula del Viejo y la Muerte con moraleja, de Samaniego

  El Viejo y la Muerte con moraleja de Samaniego


Un día entre montes, por áspero camino, tropezando con una y otra peña, iba un viejo cargando con su leña, maldiciendo su mísero destino. 

Al fin cayó y viéndose de suerte que apenas levantarse ya podía, llamaba con colérica porfía una, dos y tres veces a la Muerte. 

Armada de guadaña, en esqueleto, La Muerte se le ofrece en aquel punto, pero el Viejo, temiendo ser difunto, lleno más de terror que de respeto, trémulo la decía y balbuciente: 

- Yo ... señora... os llamé desesperado; Pero... -

-Acaba; ¿Qué quieres, desdichado? - Le dijo la muerte al viejo

A lo que el viejo respondió:

-Que me cargues la leña solamente.

Esta fábula nos enseña que si pasamos por una situación difícil debemos tener paciencia en que las cosas se van a solucionar.  Disfruta cada día, los dolores pasan pero nuestra vida es única y muy preciada!, 



viernes, 23 de enero de 2015

Esposas mentales.

Un habitante de un pequeño pueblo descubrió un día que sus manos estaban aprisionadas por unas esposas. Cómo llegó a estar esposado es algo que carece de importancia. Tal vez lo esposó un policía, quizás su mujer, tal vez era esa la costumbre en aquella época. Lo importante es que de pronto se dio cuenta de que no podía utilizar libremente sus manos, de que estaba prisionero.
Durante algún tiempo forcejeó con las esposas y la cadena que las unía intentando liberarse.
Trató de sacar las manos de aquellos aros metálicos, pero todo lo que logró fueron magulladuras y heridas. Vencido y desesperado salió a las calles en busca de alguien que pudiese liberarlo. Aunque la mayoría de los que encontró le dieron consejos y algunos incluso intentaron soltarle las manos, sus esfuerzos sólo generaron mayores heridas, agravando su dolor, su pena y su aflicción. Muy pronto sus muñecas estuvieron tan inflamadas y ensangrentadas que dejó de pedir ayuda, aunque no podía soportar el constante dolor, ni tampoco su esclavitud.
Recorrió las calles desesperado hasta que, al pasar frente a la fragua de un herrero, observó cómo éste forjaba a martillazos una barra de hierro al rojo. Se detuvo un momento en la puerta mirando. Tal vez aquel hombre podría...
Cuando el herrero terminó el trabajo que estaba haciendo, levantó la vista y viendo sus esposas le dijo: "Ven amigo, yo puedo liberarte". Siguiendo sus instrucciones, el infortunado colocó las manos a ambos lados del yunque, quedando la cadena sobre él.
De un solo golpe, la cadena quedó partida. Dos golpes más y las esposas cayeron al suelo. Estaba libre, libre para caminar hacia el sol y el cielo abierto, libre para hacer todas las cosas que quisiera hacer. Podrá parecer extraño que nuestro hombre decidiese permanecer en aquella herrería, junto al carbón y al ruido. Sin embargo, eso es lo que hizo. Se quedó contemplando a su libertador. sintió hacia él una profunda reverencia y en su interior nació un enorme deseo de servir al hombre que lo había liberado tan fácilmente. Pensó que su misión era permanecer allí y trabajar. Así lo hizo, y se convirtió en un simple ayudante.
Libre de un tipo de cadenas, adoptó otras más profundas y permanentes: puso esposas a su mente. Sin embargo, había llegado allí buscando la libertad.