viernes, 16 de enero de 2015

Posesiones.

Solo poseemos aquello que no podemos perder en un naufragio” (Proverbio hindú)

Cuenta una historia que un viajero había llegado a las afueras de una aldea y acampó bajo un árbol para pasar la noche. De pronto, llegó corriendo un joven que, entusiasmado, le gritó: “¡Dame la piedra preciosa!”
El viajero lo miró desconcertado y le preguntó: “Lo siento, pero no sé de qué me hablas”. Más calmado, el aldeano se sentó a su vera. “Ayer por la noche una voz me habló en sueños”, le confesó. “Y me aseguró que si al anochecer venía a las afueras de la aldea, encontraría a un viajero que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre”.
El viajero rebuscó en su bolsa y extrajo una piedra del tamaño de un puño. “Probablemente se refería a ésta. Me pareció bonita y por eso la cogí. Tómala, ahora es tuya”, dijo, mientras se la entregaba al joven.
¡Era un diamante!
El aldeano, eufórico, lo cogió y regresó a su casa dando saltos de alegría.
Mientras el viajero dormía plácidamente bajo el cielo estrellado, el joven no podía pegar ojo. El miedo a que le robaran su tesoro le había quitado el sueño y pasó toda la noche en vela.
Al amanecer, fue de nuevo corriendo en busca de aquel viajero. Nada más al verlo, le devolvió el diamante. Y muy seriamente, le suplicó: “Por favor, enséñame a conseguir la riqueza que te permite desprenderte de este diamante con tanta facilidad” 

jueves, 15 de enero de 2015

Sabiduría.

Cada uno tiene algo diferente que enseñar, y es la suma de estas diferencias lo que llamamos "sabiduría".
Únete a los que son flexibles y entienden las señales del camino.
Son personas que no dudan en cambiar su rumbo cuando se encuentran con una barrera infranqueable, o cuando vislumbran una oportunidad mejor.
Poseen la cualidad del agua: deslizarse entre las rocas, adaptarse al curso del río, a veces transformarse en lago, hasta que la depresión esté llena y pueda continuar su camino, pues el agua no olvida que su destino es el mar, y tarde o temprano, deberá llegar a él.

miércoles, 14 de enero de 2015

Quiero

Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,
hoy podés contar conmigo.
Sin condiciones

Por Jorge Bucay

El credo del optimista.





Prométete a ti mismo…
Ser tan fuerte que nada disturbe tu paz interior.
Hablar de salud, felicidad y prosperidad a cada persona que encuentres.
Hacer sentir a cada uno de tus amigos que hay algo especial en ellos.
Mirar el lado luminoso de todo y expresar siempre optimismo.
Pensar sólo lo mejor, para trabajar por lo mejor, y esperar lo mejor.
Ser entusiasta por el éxito de los otros tanto como por el tuyo.
Olvidar los errores del pasado y estar determinado por alcanzar los grandes logros del futuro.
Portar siempre una expresión amable y ofrecer una sonrisa a cada ser que encuentres.
Darle tanto tiempo a tu desarrollo personal, que no tengas tiempo de criticar a otros.
Ser suficientemente grande para las preocupaciones, noble para la rabia, fuerte para el miedo e inmensamente feliz para permitir la presencia de las dificultades.
Pensar lo mejor de ti y proclamarlo a los demás, no con palabras ruidosas sino con grandes hazañas.
Vivir en la fé de que el resto del mundo está de tu lado tanto como tu…
Ser fiel a lo mejor que hay en ti.

Por Christian D. Larson

El buscador de la verdad.

El buscador de la Verdad 

INTERES 

A un visitante que a sí mismo se definía como buscador de la verdad le dijo el Maestro: 

- Si lo que buscas es la Verdad, hay algo que es preciso que tengas presente por encima de todo. 
- Ya lo sé, una irresistible pasión por ella … -dijo el visitante- 
- No, una incesante disposición a reconocer que puedes estar equivocado …-le respondió el maestro 

martes, 13 de enero de 2015

El humor se adueño de mi blog





Un abogado mantiene un romance con su secretaria. Al poco tiempo ésta queda embarazada y el abogado, que no quiere que su esposa se entere, le da a esta una buena suma de dinero y le pide que se vaya a parir a Italia.
La secretaria pregunta: - "¿Cómo voy a hacerte saber cuando nazca el bebe?"
El abogado responde: - "Tan solo envíame una postal y escribe Spaghetti con salsa. No te preocupes, yo me encargaré de todos los gastos".
Pasan seis meses y una mañana la esposa del abogado lo llama al bufete exaltada: - "Querido, acabo de recibir el correo y hay una postal muy extraña de Italia. La verdad no entiendo qué significa".
El abogado, acongojado, contesta: - "Espera a que llegue a casa y te explico".
Cuando el hombre llega a casa y lee la postal cae al suelo fulminado por un infarto. Llega una ambulancia y se lo llevan. Ya en el Hospital, el médico jefe se queda a confortar a la esposa y le pregunta cuál ha sido el trauma que ha precipitado tal ataque cardíaco. Entonces la esposa recoge la postal y lee: "Spaghetti, Spaghetti, Spaghetti, Spaghetti, Spaghetti, tres con salchicha y albóndigas y dos con almejas" 

lunes, 12 de enero de 2015

CUENTO CORTO CON ALGO DE HUMOR...




EL GAS DE LOS POROTOS
Había una vez un hombre que tenía una pasión terrible por los porotos cocidos. El los adoraba, pero los porotos le provocaban "muchos gases", creándole situaciones muchas veces embarazosas.
Un día, conoció a una chica de quien se enamoró locamente e iniciaron una respetuosa relación. Cuando ya estaba en vías de casarse, pensó: "Ella nunca se va a casar conmigo si continúo de esta pedorra forma". Entonces, decidió hacer el sacrificio supremo de no comer porotos cocidos nunca mas. Su esposa y su matrimonio bien valían la pena.
Poco tiempo después de la boda, el hombre iba conduciendo de regreso a su casa cuando, imprevistamente, el auto se descompuso. Como vivían fuera de la ciudad, llamo por teléfono a su esposa y tras contarle el percance, le dijo que llegaría demorado porque volvería a pie.
Mientras caminaba, paso por un pequeño restaurante y, de pronto, el olor de los maravillosos porotos cocidos lo cautivó trayéndole inolvidables recuerdos, y claro, no pudo resistirse a la tentación de al menos detenerse para sentir ese aroma. Que recuerdos! El hombre evaluó la distancia que aun le faltaba por recorrer y juzgo que si aprovechaba la ocasión, cualquier efecto gasífero negativo que sus deseados porotos pudieran producirle, habrían de pasar antes de que él llegara a su hogar, de modo que, resolvió entrar y pidió tres platos grandes de porotos (después de todo, el no sabía cuando volvería a comer porotos cocidos nuevamente).
Durante todo el camino de regreso, se fue aliviando a paso lento de los gases, efectos nefastos de la comida que en forma inmediata esta le provocó, y cuando por fin llego a la casa, ya se sentía mejor. Su esposa lo recibió en la puerta y parecía bastante feliz y excitada. Ella le dijo: "Querido, te tengo una gran sorpresa para la cena de esta noche!" Y le colocó una venda en los ojos y lo acompaño hasta la cabecera de la mesa haciéndolo sentar y prometer que no espiaría hasta que ella le avisara. En este punto, el sintió que en su intestino algo grande se estaba gestando, es decir que había un nuevo "accidente gasífero" en camino. Cuando la esposa estaba lista para sacarle la venda de los ojos, sonó el teléfono. Ella le volvió a hacer prometer que no iba a espiar la mesa y salió del comedor para atender el teléfono. En cuanto oyó que descolgaba el tubo, el hombre aprovecho la oportunidad. Volcó todo el peso de su cuerpo sobre una pierna y soltó uno con cuidado. No fue muy fuerte, pero parecía un huevo friéndose. Con grandes dificultades para respirar, agarro a ciegas la servilleta y comenzó a abanicar el aire a su alrededor. Estaba comenzando a sentirse mejor cuando otro "gas dormido" empezó a surgir. Levanto una pierna y PRRPPPPPPEEEPPPEEEPPEEEEERRRPPPE !!! Sonó como un motor Diesel arrancando y comparado con el anterior, olió aun peor. Nervioso y deseando que las emanaciones se disipasen, comenzó a sacudir frenéticamente los brazos cual aspas de molino. Ya las cosas parecían volver a la normalidad, cuando nuevamente le vinieron ganas. Algo mas confiado, mando todo el peso de su cuerpo sobre la otra pierna y lo largo con violencia. Este fue merecedor de una medalla de oro, el Oscar en sonido y hedor. El "padre" de todos los gases. Las ventanas vibraron, la vajilla en la mesa se sacudió y un minuto después, una rosa que estaba sobre la mesa, se marchito y murió. El canario, en su jaula, enmudeció su piar melodioso.
Mientras tanto, el permanecía con un oído atento a la conversación telefónica de su mujer, manteniendo su promesa de no sacarse la venda, y continuo con su "ejercicio" por unos diez minutos mas, tirándose "gases" y abanicando con los brazos y la servilleta, y de vez en cuando, soplando fuerte, en círculos, en el sentido inverso a las agujas del reloj. Cuando oyó a su mujer despidiéndose en el teléfono (indicando el final de su soledad y libertad), coloco suavemente la servilleta sobre las piernas y cruzo su mano sobre ella. Tenía el rostro de la inocencia de un ángel, cuando entro su esposa. Pidiendo disculpas por haberse demorado tanto, ella preguntó si el había espiado la mesa de la cena, a lo que el respondió que no.
Luego de tener absoluta certeza que había cumplido con la promesa y no había visto nada, su esposa le saco la venda y grito: "SORPRESAAAA !".
Había doce invitados sentados a la mesa a su alrededor para su fiesta de aniversario...