martes, 2 de septiembre de 2014
El parque
Es un día de invierno pero seco, apronto el mate y me abrigo,
voy a ir a un parque cerca de casa a tomar un poco de aire fresco.
Es un parque chiquito con juegos para niños, hamacas,
tobogán, sube y baja y armazones de hierro donde se pueden colgar.
Me gusta ir a ese lugar donde los niños corretean, mientras sus madres
hablan entre ellas, no se de que, pero me imagino que debe de sus chicos.
Ya en el parque estoy sentada sola en un banco, cuando una chiquita de
cuatro o cinco años se sienta junto a mi y me dice, ¡hola!, ¡hola! le repetí yo.
A que nene estas cuidando?, me pregunta, yo le contesto,
a ninguno, solo vine a tomar mate
y un poco de aire fresco, tu te estas divirtiendo,con quien estas jugando,
como te llamas?
Me llamo Mayte, me dijo, estoy jugando con esas nenas,
señalándome otra niñas de mas o menos su edad, vivo en ese edificio de
apartamentos, mi mamá se quedo en casa porque tiene que cuidar a mi
hermanito que está con gripe.
Te dejo venir solita?, le pregunte, Siempre vengo sola, mi mama me mira
por la ventana, ¡ves aquel es mi apartamento, el de las cortina rojas!.
Me di cuenta cual era su apartamento, pero no vi a nadie en la ventana,
sin mas, me dijo chau y salio corriendo a jugar con sus amiguitas.
Me quede pensando, su mamá no le habría dicho que no es aconsejable
que hable con personas desconocidas, que es peligroso, que hay mucha
gente buena, pero también hay muchos malos. Yo se lo iba a decir pero
no me dio el tiempo, fue como una rafaga de viento, me dijo chau y siguió
jugando con sus amigas con esa inocencia que solo tienen los niños.
lunes, 1 de septiembre de 2014
Estoy volando!!!

Había una vez un chiquillo que vivía en un orfanato.
El chiquillo siempre deseaba volar como un pájaro. Le costo entender porque no pudo volar. Había pájaros en el zoo mucho más grandes que él y ellos podían volar. -¿ Porqué no puedo volar?- pensaba , - ¿Hay algo defectuoso conmigo?- se preguntaba.
Había otro chiquillo que era cojo. Siempre había deseado andar y correr como los demás niños y niñas.
-¿Por qué no puedo ser como ellos?- pensaba.
Un día el huérfano, que quería volar como un pájaro, huyó del orfanato. Llego a un parque donde vio el chiquillo que no podía ni andar ni correr. Estaba jugando en la arena.
Se fue corriendo hacía el chiquillo y le preguntó si alguna vez había querido volar como un pájaro.
-No,- respondió el chiquillo que no pudo ni andar ni correr, - Pero si que me he preguntado como sería andar y correr como los demás niños.-
-¡Qué triste!- dijo el huérfano. -¿Piensas que podríamos ser amigos?- preguntó.
-Claro,- dijo el chiquillo.
Los dos chiquillos jugaron durante horas. Hicieron castillos de arena e hicieron unos ruidos graciosos con las bocas. Los ruidos los hicieron reír mucho. Entonces vino el padre del chiquillo con una silla de ruedas para llevarse a su hijo. El huérfano que siempre había querido volar se fue corriendo al padre del chiquillo y le susurró algo.
- Eso estaría bien.- dijo el hombre.
El chiquillo que siempre había querido volar como un pájaro se fue corriendo a su nuevo amigo y le dijo, - Eres mi único amigo, ojalá pudiera hacer algo para que anduvieras y corrieras como los demás niños, pero no puedo. Pero si que hay algo que puedo hacer por ti.- El huérfano se dio la espalda a su nuevo amigo y le pidió subir a su espalda. Entonces empezó a correr por la hierba. Corrió mucho y cada vez más rápido. Hizo que sus piernas trabajaran aún más. Esforzó más y más sus piernas. Pronto el viento soplo en las caras de los dos niños.
El padre del niño cojo empezó a llorar al ver a su hermoso hijo mover sus brazos arriba y abajo en el viento, mientras gritaba con todas sus fuerzas
-¡Estoy volando, Papa, Estoy Volando!
El chiquillo siempre deseaba volar como un pájaro. Le costo entender porque no pudo volar. Había pájaros en el zoo mucho más grandes que él y ellos podían volar. -¿ Porqué no puedo volar?- pensaba , - ¿Hay algo defectuoso conmigo?- se preguntaba.
Había otro chiquillo que era cojo. Siempre había deseado andar y correr como los demás niños y niñas.
-¿Por qué no puedo ser como ellos?- pensaba.
Un día el huérfano, que quería volar como un pájaro, huyó del orfanato. Llego a un parque donde vio el chiquillo que no podía ni andar ni correr. Estaba jugando en la arena.
Se fue corriendo hacía el chiquillo y le preguntó si alguna vez había querido volar como un pájaro.
-No,- respondió el chiquillo que no pudo ni andar ni correr, - Pero si que me he preguntado como sería andar y correr como los demás niños.-
-¡Qué triste!- dijo el huérfano. -¿Piensas que podríamos ser amigos?- preguntó.
-Claro,- dijo el chiquillo.
Los dos chiquillos jugaron durante horas. Hicieron castillos de arena e hicieron unos ruidos graciosos con las bocas. Los ruidos los hicieron reír mucho. Entonces vino el padre del chiquillo con una silla de ruedas para llevarse a su hijo. El huérfano que siempre había querido volar se fue corriendo al padre del chiquillo y le susurró algo.
- Eso estaría bien.- dijo el hombre.
El chiquillo que siempre había querido volar como un pájaro se fue corriendo a su nuevo amigo y le dijo, - Eres mi único amigo, ojalá pudiera hacer algo para que anduvieras y corrieras como los demás niños, pero no puedo. Pero si que hay algo que puedo hacer por ti.- El huérfano se dio la espalda a su nuevo amigo y le pidió subir a su espalda. Entonces empezó a correr por la hierba. Corrió mucho y cada vez más rápido. Hizo que sus piernas trabajaran aún más. Esforzó más y más sus piernas. Pronto el viento soplo en las caras de los dos niños.
El padre del niño cojo empezó a llorar al ver a su hermoso hijo mover sus brazos arriba y abajo en el viento, mientras gritaba con todas sus fuerzas
-¡Estoy volando, Papa, Estoy Volando!
domingo, 31 de agosto de 2014
La gratitud.

Dicen que de todos los sentimientos humanos la gratitud es el más efímero de todos. Y no deja de haber algo de cierto en ello. El saber agradecer es un valor en el que pocas veces se piensa. Ya nuestras abuelas nos lo decían "de gente bien nacida es ser agradecida".
Para algunos es muy fácil dar las "gracias" por los pequeños servicios cotidianos que recibimos, el desayuno, ropa limpia, la oficina aseada... Pero no siempre es así.
Ser agradecido es más que saber pronunciar unas palabras de forma mecánica, la gratitud es aquella actitud que nace del corazón en aprecio a lo que alguien más ha hecho por nosotros.
La gratitud no significa "devolver el favor": si alguien me sirve una taza de café no significa que después debo servir a la misma persona una taza y quedar iguales... El agradecimiento no es pagar una deuda, es reconocer la generosidad ajena.
La persona agradecida busca tener otras atenciones con las personas, no pensando en "pagar" por el beneficio recibido, sino en devolver la muestra de afecto o cuidado que tuvo. ¿Has notado como los niños agradecen los obsequios de sus padres? Lo hacen con una sonrisa, un abrazo y un beso. ¿De que otra manera podría agradecer y corresponder unos niños? Y con eso, a los padres les basta.
Las muestras de afecto son una forma visible de agradecimiento; la gratitud nace por la actitud que tuvo la persona, más que por el bien (o beneficio) recibido.
Conocemos personas a quienes tenemos especial estima, preferencia o cariño por "todo" lo que nos han dado: padres, maestros, cónyuge, amigos, jefes... El motivo de nuestro agradecimiento se debe al "desinterés" que tuvieron a pesar del cansancio y la rutina. Nos dieron su tiempo, o su cuidado.
Nuestro agradecimiento debe surgir de un corazón grande.
No siempre contamos con la presencia de alguien conocido para salir de un apuro, resolver un percance o un pequeño accidente. ¡Cómo agradecemos que alguien abra la puerta del auto para colocar las cajas que llevamos, nos ofrezca su hogar, o nos ayude a reemplazar el neumático averiado!
El camino para vivir el valor del agradecimiento tiene algunas notas características que implican:
- Reconocer en los demás el esfuerzo por servir
- Acostumbrarnos a dar las gracias
- Tener pequeños detalles de atención con todas las personas: acomodar la silla, abrir la puerta, servir un café, colocar los cubiertos en la mesa, un saludo cordial...
- Acostumbrarnos a dar las gracias
- Tener pequeños detalles de atención con todas las personas: acomodar la silla, abrir la puerta, servir un café, colocar los cubiertos en la mesa, un saludo cordial...
La persona que más sirve es la que sabe ser más agradecida.
-Desconozco su autor
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