martes, 24 de junio de 2014

LAS ARRUGAS DEL ABUELO...


Era un día soleado de otoño la primera vez que Bárbara se fijó en que el abuelo tenía muchísimas arrugas, no sólo en la cara, sino por todas partes.
- Abuelo, deberías darte la crema de mamá para las arrugas.
El abuelo sonrió, y un montón de arrugas aparecieron en su cara.
- ¿Lo ves? Tienes demasiadas arrugas
- Ya lo sé Bárbara. Es que soy un poco viejo... Pero no quiero perder ni una sola de mis arrugas. Debajo de cada una guardo el recuerdo de algo que aprendí.
A Bárbara se le abrieron los ojos como si hubiera descubierto un tesoro, y así los mantuvo mientras el abuelo le enseñaba la arruga en la que guardaba el día que aprendió que era mejor perdonar que guardar rencor, o aquella otra que decía que escuchar era mejor que hablar, esa otra enorme que mostraba que es más importante dar que recibir o una muy escondida que decía que no había nada mejor que pasar el tiempo con los niños...
Desde aquel día, a Bárbara su abuelo le parecía cada día más guapo, y con cada arruga que aparecía en su rostro, la niña acudía corriendo para ver qué nueva lección había aprendido. Hasta que en una de aquellas charlas, fue su abuelo quien descubrió una pequeña arruga en el cuello de la niña:
- ¿Y tú? ¿Qué lección guardas ahí?
Bárbara se quedó pensando un momento. Luego sonrió y dijo
- Que no importa lo viejito que llegues a ser abuelo, porque.... ¡te quiero
!

lunes, 23 de junio de 2014

VIDA





Vida

Ya perdoné errores casi imperdonables.
Trate de sustituir personas insustituibles,
de olvidar personas inolvidables.

Ya hice cosas por impulso.

Ya me decepcioné con algunas personas ,
mas también yo decepcioné a alguien

Ya abracé para proteger .
Ya me reí cuando no podía .
Ya hice amigos eternos.
Ya amé y fui amado pero también fui rechazado.
Ya fui amado y no supe amar.

Ya grité y salté de felicidad.
Ya viví de amor e hice juramentos eternos,
pero también los he roto y muchos.

Ya lloré escuchando música y viendo fotos .
Ya llamé sólo para escuchar una voz .

Ya me enamoré por una sonrisa.
Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y ...

Tuve miedo de perder a alguien especial
(y termine perdiéndolo) ¡¡
pero sobreviví !!
Y todavía vivo !!
No paso por la vida.

Y tú tampoco deberías sólo pasar ...
VIVE!!!

Bueno es ir a la lucha con determinación
abrazar la vida y vivir con pasión.

Perder con clase y vencer con osadía,
por que el mundo pertenece a quien se atreve
y la vida es mucho más para ser insignificante.
Charles Chaplin

El capitán de la selección uruguaya de futbol.

Un pedido a todos los uruguayos:
Cada Copa del Mundo nos sirve para redescubrir que los uruguayos no somos ni como los argentinos, ni los alemanes, ni los brasileños, ni los españoles, ni los ingleses... Los uruguayos somos bien uruguayos y nos parecemos solo a nosotros mismos, aunque a veces queremos ser diferentes. No tomamos tereré ni té a las 5: tomamos mate a cualquier hora… comemos asado, jugamos al truco, amamos el fútbol y soñamos con imposibles. Nuestro horizonte han sido y serán el esfuerzo y los milagros; y nuestra pasión fueron, son y serán los desafíos.
Somos contradictorios, injustos, inmaduros, soñadores, porfiados… muy porfiados. Nunca nos damos por vencidos, somos luchadores. Somos chiquitos pero soñamos con ser gigantes. Somos una familia… y qué familia! Los que se van son sustituidos por los que llegan, parecemos un gran equipo de fútbol (tan grande, que a veces cuando jugamos nos molestamos a nosotros mismos!). Queremos ganar los partidos fáciles pero los convertimos en difíciles, y a veces los difíciles se nos hacen un poquito (sólo un poquito) más fáciles. Los jugamos todos, pero cuando ganamos, se dice “ganamos”; cuando perdemos, se dice “perdieron”.
Somos concientes de que tres millones de uruguayos están pendientes de nosotros, ¿pero saben una cosa?, nosotros también estamos pendientes de los tres millones de uruguayos. Nos gusta que nos alienten, necesitamos que nos apoyen en cada error; nos gusta que se emocionen, que lloren de alegría en cada gol, en cada pelota dividida... Sabemos que hasta quienes nos critican darían lo que fuera por estar corriendo y ayudando, y que son los primeros que se alegran cuando ganamos. Sentimos la presión, sí, claro que la sentimos; por eso a veces cuando juega Uruguay sentimos algo que lo entendemos pero no podemos creerlo; y cuando por fin lo creemos, no logramos entenderlo. Nos emociona.
A pocas horas de este partido trascendental, de este enorme y dificilísimo desafío, solo les pido que todos los uruguayos estemos unidos, alentando a la Celeste, que es más importante que todo. La Celeste es más importante que nombres, capitanes, resultados... Hagamos fuerza juntos, porque nosotros sentimos la camiseta como nadie cuando sentimos al país unido y a la gente feliz. Así, somos tres millones de jugadores que pesan en la cancha; y que lo hacemos por la positiva, con actitud, con ganas, con hambre de GLORIA, con la linda presión de sentirnos obligados a no fallarle a nuestra propia historia.
Los invito a confiar, a tener paciencia, a tener la audacia de soñar lo mejor. Nosotros no nacimos para las fáciles, nacimos para las difíciles, y esta es una difícil. Les pido unión. Uruguay noma’!!!!!!!!!
Un abrazo a todos. Diego

sábado, 21 de junio de 2014

Gracias...


Quiero dar las gracias a todos aquellos que en algún momento, gratuita y desinteresadamente hicieron que me sintiera mas feliz, por un motivo u otro, a aquellos que me aprecian o me quieren, de una forma u otra, y especialmente, a aquellos que tienen esa capacidad de dar y de querer, de disfrutar haciendo disfrutar, cuya virtud me llena de eterno orgullo y gratitud, por haberme dejado entrar en su vida y poder compartirla.


A ti, que sin saber si estoy triste o feliz, me envias tus mensajes, los cuales muchas veces me hacen sonreir en momentos en los que lo que quiero es llorar...
A ti, que me 
llamas "Amigo" que me envias etiquetas, imagenes, besos, abrazos y mensajes... A ti, quiero decirte "Gracias. gracias por estar en mi vida.

El niño pobre....

Un niño pobre que tenía mucha hambre estaba parado mirando por la vidriera a la gente que estaba adentro almorzando. El propietario del restaurante sintió lástima del pobre niño y decidió invitarlo a comer una suntuosa comida, un verdadero banquete que no olvidaría toda su vida.
Al terminar de comer, el niño, avergonzado, que se devoró la comida, preguntó cuándo debía y entonces el propietario le respondió: “A mí me enseñaron que cuando uno hace un favor, no tiene que esperar que le paguen”. El niño se puso a llorar y entonces el propietario lo abrazó y lo calmó.
Pasaron muchos años y el propietario del restaurante contrajo una enfermedad muy extraña. Tras someterse a un tratamiento prolongado y muy costoso, logró reponerse y entonces le dieron la cuenta de lo que tenía que pagar.
Pero para su gran sorpresa, la cuenta ya había sido pagada. Alguien, que alguna vez había sido un niño pobre sin medios, y que con los años se había transformado en un médico muy exitoso, escribió en la cuenta: “A mí me enseñaron que cuando uno hace un favor, no tiene que esperar que le paguen”.
Aquello que le prodiguemos al mundo será lo que recibiremos de él”.

viernes, 20 de junio de 2014

¡Hay que tener un amante!


“Muchas personas tienen un amante y otras quisieran tenerlo. Y también están las que no lo tienen, o las que lo tenían y lo perdieron. Y son generalmente estas dos últimas, las que vienen a mi consultorio para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas como insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores.
Me cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en qué ocupar su tiempo libre. En fin, palabras más, palabras menos, están desesperanzadas.
Antes de contarme esto ya habían visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro:”Depresión” y la infaltable receta del antidepresivo de turno.
Entonces, después de que las escucho atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan, ES UN AMANTE.
Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto. Están las que piensan: ¡Cómo es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica!. Y también están las que escandalizadas se despiden y no vuelven nunca más.
A las que deciden quedarse y no salen espantadas por el consejo, les doy la siguiente definición: Amante es: “Lo que nos apasiona”. Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es también quien a veces, no nos deja dormir. Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido.
A veces a nuestro amante lo encontramos en nuestra pareja, en otros casos en alguien que no es nuestra pareja. También solemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby… En fin, es “alguien” o “algo” que nos pone de “novio con la vida” y nos aparta del triste destino de durar.
¿Y qué es durar? – Durar es tener miedo a vivir. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos, tomar remedios multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol y de la lluvia. Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana.
Por favor no te empeñes en durar, búscate un amante, se vos también un amante y un protagonista… de la vida. Pensá que lo trágico no es morir, al fin y al cabo la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie.
Lo trágico, es no animarse a vivir; mientras tanto y sin dudar, búscate un amante…
La psicología después de estudiar mucho sobre el tema descubrió algo trascendental:
“Para estar contento, activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la vida”.
Jorge Bucay

jueves, 19 de junio de 2014

Amigos verdaderos....

Había una vez un chico llamado Mario a quien le encantaba tener miles de amigos. Presumía muchísimo de todos los amigos que tenía en el colegio, y de que era muy amigo de todos. Su abuelo se le acercó un día y le dijo:
- Te apuesto un bolsón de palomitas a que no tienes tantos amigos como crees, Mario. Seguro que muchos no son más que compañeros o cómplices de vuestras fechorías.
Mario aceptó la apuesta sin dudarlo, pero como no sabía muy bien cómo probar que todos eran sus amigos, le preguntó a su abuela. Ésta respondió:
- Tengo justo lo que necesitas en el desván. Espera un momento.
La abuela salió y al poco volvió como si llevara algo en la mano, pero Mario no vio nada.
- Cógela. Es una silla muy especial. Como es invisible, es difícil sentarse, pero si la llevas al cole y consigues sentarte en ella, activarás su magia y podrás distingir a tus amigos del resto de compañeros.
Mario, valiente y decidido, tomó aquella extraña silla invisible y se fue con ella al colegio. Al llegar la hora del recreo, pidió a todos que hicieran un círculo y se puso en medio, con su silla.
- No os mováis, vais a ver algo alucinante.
Entonces se fue a sentar en la silla, pero como no la veía, falló y se calló de culo. Todos se echaron unas buenas risas.
- Esperad, esperad, que no me ha salido bien - dijo mientras volvía a intentarlo.
Pero volvió a fallar, provocando algunas caras de extrañeza, y las primeras burlas. Marió no se rindió, y siguió tratando de sentarse en la mágica silla de su abuela, pero no dejaba de caer al suelo... hasta que de pronto, una de las veces que fue a sentarse, no calló y se quedó en el aire...
Y entonces, comprobó la magia de la que habló su abuela. Al mirar alrededor pudo ver a Jorge, Lucas y Diana, tres de sus mejores amigos, sujetándole para que no cayera, mientras muchos otros de quienes había pensado que eran sus amigos no hacían sino burlarse de él y disfrutar con cada una de sus caídas. Y ahí paró el numerito, y retirándose con sus tres verdaderos amigos, les explicó cómo sus ingeniosos abuelos se las habían apañado para enseñarle que los buenos amigos son aquellos que nos quieren y se preocupan por nosotros, y no cualquiera que pasa a nuestro lado, y menos aún quienes disfrutan con las cosas malas que nos pasan.
Aquella tarde, los cuatro fueron a ver al abuelo para pagar la apuesta, y lo pasaron genial escuchando sus historias y tomando palomitas hasta reventar. Y desde entonces, muchas veces usaron la prueba de la silla, y cuantos la superaban resultaron ser amigos para toda la vida.