sábado, 21 de junio de 2014

Gracias...


Quiero dar las gracias a todos aquellos que en algún momento, gratuita y desinteresadamente hicieron que me sintiera mas feliz, por un motivo u otro, a aquellos que me aprecian o me quieren, de una forma u otra, y especialmente, a aquellos que tienen esa capacidad de dar y de querer, de disfrutar haciendo disfrutar, cuya virtud me llena de eterno orgullo y gratitud, por haberme dejado entrar en su vida y poder compartirla.


A ti, que sin saber si estoy triste o feliz, me envias tus mensajes, los cuales muchas veces me hacen sonreir en momentos en los que lo que quiero es llorar...
A ti, que me 
llamas "Amigo" que me envias etiquetas, imagenes, besos, abrazos y mensajes... A ti, quiero decirte "Gracias. gracias por estar en mi vida.

El niño pobre....

Un niño pobre que tenía mucha hambre estaba parado mirando por la vidriera a la gente que estaba adentro almorzando. El propietario del restaurante sintió lástima del pobre niño y decidió invitarlo a comer una suntuosa comida, un verdadero banquete que no olvidaría toda su vida.
Al terminar de comer, el niño, avergonzado, que se devoró la comida, preguntó cuándo debía y entonces el propietario le respondió: “A mí me enseñaron que cuando uno hace un favor, no tiene que esperar que le paguen”. El niño se puso a llorar y entonces el propietario lo abrazó y lo calmó.
Pasaron muchos años y el propietario del restaurante contrajo una enfermedad muy extraña. Tras someterse a un tratamiento prolongado y muy costoso, logró reponerse y entonces le dieron la cuenta de lo que tenía que pagar.
Pero para su gran sorpresa, la cuenta ya había sido pagada. Alguien, que alguna vez había sido un niño pobre sin medios, y que con los años se había transformado en un médico muy exitoso, escribió en la cuenta: “A mí me enseñaron que cuando uno hace un favor, no tiene que esperar que le paguen”.
Aquello que le prodiguemos al mundo será lo que recibiremos de él”.

viernes, 20 de junio de 2014

¡Hay que tener un amante!


“Muchas personas tienen un amante y otras quisieran tenerlo. Y también están las que no lo tienen, o las que lo tenían y lo perdieron. Y son generalmente estas dos últimas, las que vienen a mi consultorio para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas como insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores.
Me cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en qué ocupar su tiempo libre. En fin, palabras más, palabras menos, están desesperanzadas.
Antes de contarme esto ya habían visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro:”Depresión” y la infaltable receta del antidepresivo de turno.
Entonces, después de que las escucho atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan, ES UN AMANTE.
Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto. Están las que piensan: ¡Cómo es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica!. Y también están las que escandalizadas se despiden y no vuelven nunca más.
A las que deciden quedarse y no salen espantadas por el consejo, les doy la siguiente definición: Amante es: “Lo que nos apasiona”. Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es también quien a veces, no nos deja dormir. Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido.
A veces a nuestro amante lo encontramos en nuestra pareja, en otros casos en alguien que no es nuestra pareja. También solemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby… En fin, es “alguien” o “algo” que nos pone de “novio con la vida” y nos aparta del triste destino de durar.
¿Y qué es durar? – Durar es tener miedo a vivir. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos, tomar remedios multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol y de la lluvia. Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana.
Por favor no te empeñes en durar, búscate un amante, se vos también un amante y un protagonista… de la vida. Pensá que lo trágico no es morir, al fin y al cabo la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie.
Lo trágico, es no animarse a vivir; mientras tanto y sin dudar, búscate un amante…
La psicología después de estudiar mucho sobre el tema descubrió algo trascendental:
“Para estar contento, activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la vida”.
Jorge Bucay

jueves, 19 de junio de 2014

Amigos verdaderos....

Había una vez un chico llamado Mario a quien le encantaba tener miles de amigos. Presumía muchísimo de todos los amigos que tenía en el colegio, y de que era muy amigo de todos. Su abuelo se le acercó un día y le dijo:
- Te apuesto un bolsón de palomitas a que no tienes tantos amigos como crees, Mario. Seguro que muchos no son más que compañeros o cómplices de vuestras fechorías.
Mario aceptó la apuesta sin dudarlo, pero como no sabía muy bien cómo probar que todos eran sus amigos, le preguntó a su abuela. Ésta respondió:
- Tengo justo lo que necesitas en el desván. Espera un momento.
La abuela salió y al poco volvió como si llevara algo en la mano, pero Mario no vio nada.
- Cógela. Es una silla muy especial. Como es invisible, es difícil sentarse, pero si la llevas al cole y consigues sentarte en ella, activarás su magia y podrás distingir a tus amigos del resto de compañeros.
Mario, valiente y decidido, tomó aquella extraña silla invisible y se fue con ella al colegio. Al llegar la hora del recreo, pidió a todos que hicieran un círculo y se puso en medio, con su silla.
- No os mováis, vais a ver algo alucinante.
Entonces se fue a sentar en la silla, pero como no la veía, falló y se calló de culo. Todos se echaron unas buenas risas.
- Esperad, esperad, que no me ha salido bien - dijo mientras volvía a intentarlo.
Pero volvió a fallar, provocando algunas caras de extrañeza, y las primeras burlas. Marió no se rindió, y siguió tratando de sentarse en la mágica silla de su abuela, pero no dejaba de caer al suelo... hasta que de pronto, una de las veces que fue a sentarse, no calló y se quedó en el aire...
Y entonces, comprobó la magia de la que habló su abuela. Al mirar alrededor pudo ver a Jorge, Lucas y Diana, tres de sus mejores amigos, sujetándole para que no cayera, mientras muchos otros de quienes había pensado que eran sus amigos no hacían sino burlarse de él y disfrutar con cada una de sus caídas. Y ahí paró el numerito, y retirándose con sus tres verdaderos amigos, les explicó cómo sus ingeniosos abuelos se las habían apañado para enseñarle que los buenos amigos son aquellos que nos quieren y se preocupan por nosotros, y no cualquiera que pasa a nuestro lado, y menos aún quienes disfrutan con las cosas malas que nos pasan.
Aquella tarde, los cuatro fueron a ver al abuelo para pagar la apuesta, y lo pasaron genial escuchando sus historias y tomando palomitas hasta reventar. Y desde entonces, muchas veces usaron la prueba de la silla, y cuantos la superaban resultaron ser amigos para toda la vida.

miércoles, 18 de junio de 2014

Sueño con conocerlos...



Sueño  en que algún día
gane la lotería,
y poder ver a todos
los amigos que he hecho.

Esos que no conozco,
los de tierras lejanas,
a los que siempre leo,
y que están muy distantes.

Vivo con la esperanza
de que el sueño se cumpla,
el poder visitarlos
y hablar personalmente.

El contarles mi vida
y escuchar de las suyas,
A decirles de frente
lo mucho que los quiero.

Que son mi compañía
en todos los momentos,
los que están siempre ahí
atentos a mis letras.

Y con mi mate a cuestas
pisaré sus terruños,
les dejaré mis huellas
en todos sus paisajes.

Seguiré con mi sueño
hasta que tenga vida,
porque vivir sin sueños
es estar muerto en vida.

Virginia Pollero.




martes, 17 de junio de 2014

El portero del prostíbulo.

No había en el pueblo un oficio peor conceptuado y peor pago que el de portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre. 

Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos. Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio. 
Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones. 
Al portero, le dijo: 
- A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes. 

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero..... 
- Me encantaría satisfacerlo, señor -balbuceó- pero yo... yo no sé leer ni escribir. 

- ¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto... 
- Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo... 

No lo dejó terminar. 
- Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte. Y sin más, se dio vuelta y se fue. 

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, por primera vez desocupado. ¿Qué hacer? 

Recordó que a veces en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo. 

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero recibido. 
En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha. 

A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino. 
- Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme. 
Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como 
me quedé sin empleo... 
- Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano. 
- Está bien. 
A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta. 
- Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende? 
- No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula. 
- Hagamos un trato -dijo el vecino- Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?. 

Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días... Aceptó. Volvió a montar su mula. 
Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa. 
- Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo? 
- Sí... 
Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras. 

El ex - portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue. 
"...No todos disponemos de cuatro días para compras", recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas. 

En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes. 
La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. 
Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. 

Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón. 

Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primer ferretería del pueblo. 

Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente. 

Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.
Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. 
Y luego, ¿por qué no? Las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos..... 

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región. 

Tan poderoso era, que un año, para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría además de lectura y escritura, las artes y los oficios más prácticos de la época. 

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo: 
- Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primer hoja del libro de actas de la nueva escuela. 
- El honor sería para mí -dijo el hombre-. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto. 
- ¿Usted? -dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo- ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir? 
- Yo se lo puedo contestar -respondió el hombre con calma-. Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería el portero del prostíbulo!. 

Hay un refrán que dice, " No hay mal que por bien no venga".

No soy perfecta...

No soy perfecta, nadie lo es, pero estoy muy orgullosa de la persona que soy. Vivo la vida a mi manera, haciendo lo que me gusta sin hacerle mal a nadie, sin guardarle rencor a nadie, respetando las opiniones de los demas aunque sean diferentes a las mias. Estoy agradecida a toda la gente que me ayudo o trato de ayudarme en momentos dificiles de mi vida. De esas personas nunca me olvido, porque en esta rueda gigante que es la vida aprendi que tanto te puede tocar estar arriba como abajo y nunca se sabe si vas a tener que volver a tocar a esas puertas otra vez. Amo a mi familia por sobre todas las cosas, ellos son mi prioridad. No dejo que ningun chisme, desacuerdo, etc, me desasociegue, porque si asi fuera no podria ser feliz. Tengo cosas muy importantes que hacer en esta existencia que preocuparme por esas vanalidades. Seguro que hay cosas que me entristecen como el maltrato a los niños, a los animales, el hambre en Africa y mil cosas mas, pero como esta fuera de mi alcance ayudar a todos le doy una mano a algun vecino que me necesite y con este proceder creo cumplir con mi granito de arena a la sociedad. Hoy vivo con la serenidad que me dan los años vividos, y para llegar a este momento primero tuve que cometer muchos errores, pero de todos ellos saque reditos, y es por eso que hoy soy la persona que quiero ser.

Virginia Pollero.