sábado, 19 de abril de 2014

Que lindo sería...

Que lindo sería empezar de cero,
hacer de este mundo algo igualitario,
más justo, humano y desinteresado.
Que todos hablaramos un solo idioma,
que no hubiera fronteras, poder viajar por la
tierra sin pasaporte y echar  raices
donde uno quisiera.
Un mundo de iguales, sin ricos ni pobres,
sin dogmas, sin alcohol, tabaco o drogas.
Que fueramos todos de una misma raza,
no importa si negros, asiaticos, blancos,
 mestizos o cualquier otra estirpe.
Que todo estubiera al alcance de todos
y que no existieran todas esas cosas que
siempre usamos y contaminan todo.
Que lindo sería que muchas palabras no fueran
usadas  y que no existieran casos
como, "abuso, discriminacion, linchamiento,
maltrato, guerra, asesinato, violación".
Que lindo sería que a nadie le falte o le sobre nada.
Y pensar que si no fueramos tan materialistas
podriamos ser felices con  poco, ,muy poco.
Yo sigo soñando, que lindo sería........



Mi hogar.

Les cuento, tiene exactamente sesenta  metros cuadrados, una cocina, un dormitorio y un baño, también tengo un terrenito en el fondo, donde tengo mis plantas y mis perros.
No necesito más, no quiero nada mas, soy feliz en este pedacito de tierra que comparto con mi esposo y mi hija y nieta que tienen su propia casita en el mismo terreno.
Así que todo lo mas importante en mi vida lo tengo junto a mi.
Muchas veces salimos con mi esposo a visitar amigos, familia o a cualquier otro evento donde nos de ganas de ir, pero hasta que no vuelvo a éste, el lugar que yo elegí para echar raices, siento algo así como un desasociego, intranquilidad. No se explicarlo bien y no se porque me pasa, solo estando aquí dentro de este perimetro de tierra me siento segura, feliz, completa y no lo cambiaria por ninguna mansion en ningun lugar de la tierra. Esto es todo lo que tengo y todo lo que necesito para ser feliz, no es mucho, pero para mi es todo.

viernes, 18 de abril de 2014

HERMOSO DÍA EN FAMILIA.

No hay cosa mas linda que un día en familia. Aquí estamos las tres hermanas con sus respectivas familias.

jueves, 17 de abril de 2014

Puedes llamarme


Sí un día te dan ganas de llorar, llámame, no prometo hacerte reír, más puedo llorar contigo.
Sí un día resuelves huir, no dudes en llamarme, no prometo pedir que te detengas, más puedo huir contigo.
Sí un día te dan unas locas ganas de no escuchar a nadie, llámame y prometo quedarme bien quietecito.
Pero... Sí un día me llamas y no respondo, ven corriendo a mi encuentro... 
Tal vez ese día yo necesite de ti

Si alguna vez necesitas un amigo puedes llamarme

El perro cojo.


Con una pata colgando,
despojo de una pedrada,
pasó el perro por mi lado,
un perro de pobre casta.
Uno de esos callejeros,
pobres de sangre y estampa.
Nacen en cualquier rincón,
de perras tristes y flacas,
destinados a comer
basuras de plaza en plaza.
Cuando pequeños, qué finos
y ágiles son en la infancia,
baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana,
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan.
Cuando mayores, al tiempo
que ven que se fue la gracia,
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas.
Qué tristes ojos que tienen,
que recóndita mirada
como si en ella pusieran
su dolor a media asta.
Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia,
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.
Yo le llamo: psss, psss, psss.
Todo orejas asustadas,
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia,
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras
como esperando o temiendo
pan, caricias… o pedradas,
no en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata.
Lo vuelvo a llamar: psss, psss.
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas.
Chasco los dedos; le digo:
“ven aquí, no te hago nada,
vamos, vamos, ven aquí”.
Y adiós la desconfianza.
Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla,
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira; gira, salta;
llora, ríe; ríe, llora;
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras.
Es su alegría tan grande
que más que hablarme, me canta.
“¿Qué piedra te dejó cojo?
Sí, sí, sí, malhaya”.
El perro me entiende; sabe
que maldigo la pedrada,
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata
y él, con el rabo, me dice
que me agradece la lástima.
“Pero tú no te preocupes,
ya no ha de faltarte nada.
Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.
Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada.
Vamos, pues, perrito mío,
vamos, anda que te anda,
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas,
yo por mis calles oscuras,
tú por tus calles calladas,
tú la pedrada en el cuerpo,
yo la pedrada en el alma
y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: «aquí yace
un amigo de mi infancia».
Y en el cielo de los perros,
pan tierno y carne mechada,
te regalará San Roque
una muleta de plata.
Compañeros, si los hay,
amigos donde los haya,
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña.
Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma.
Y fueron muchas las hambres,
mucho peso en sus tres patas
y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana,
lo encontré tendido, frío,
como una piedra mojada,
un duro musgo de pelo,
con el rocío brillaba.
Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas.
Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda,
las orejas de relente
y el hociquillo de escarcha.
Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras,
bien surtido de intercambios
con que curar viejas taras.
“Para ti… un rabo de oro;
para ti… un ojo de ámbar;
tú… tus orejas de nieve;
tú… tus colmillos de escarcha.
Y tú, -mi perro reía-,
tú… tu muleta de plata”.
Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada:
¿Estrellas… luceros…? No,
es mi perro cuando anda…
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata.
“ TODOS LOS PERROS MERECEN, ATENCIONES, AMOR, RESPETO. . . SI NO PUEDES DÁRSELOS AL MENOS NO LOS GOLPEES, NI LES CAUSES ALGÚN MAL ”
J.L.

martes, 15 de abril de 2014

Cuando era estudiante....

Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a uncompañero de mi clase caminando de regreso a su casa.
Se llamaba Pablo. Iba cargando todos sus libros y pense: "¿Por qué se estará llevando a su casa todos los libros el viernes? Debe ser un "traga"! Yo ya tenía planes para todo el fin de semana: fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino. Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él, cuando lo alcanzaron, le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo. Vi que sus anteojos volaron y cayeron en el pasto como a tres metros de él. Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus anteojos. Vi lágrimas en sus ojos. Le acerqué a sus manos sus anteojos y le dije, ¡esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto!". Me miro y me dijo: "¡Hola, gracias!"
Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud. 
Lo ayudé con sus libros. Vivía cerca de mi casa. Le pregunté por que no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada. Caminamos hasta casa. Lo ayudé con sus libros; parecía un buen chico. 
Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado, conmigo y mis amigos. Y aceptó.Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Pablo, mejor nos caía, tanto a mí como a mis amigos.Llego el lunes por la mañana y ahí estaba Pablo con aquella enorme pila de libros de nuevo. Me paré y le dije: "Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días". Se rió y me dio la mitad para que le ayudara. 
Durante los siguientes cuatro años, Pablo y yo nos convertimos en los mejores amigos. 
Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Pablo decidió ir a una universidad diferente de la mia. Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema. 
Pablo fue el orador de nuestra generación. Yo lo cargaba todo el tiempo diciendo que era un "traga". 
Llegó el gran día de la graduación. Él preparó el discurso. Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. 
Pablo se veía realmente bien. Era uno de esas personas que realmente se había encontrado a sí mismo durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos y se veía bien con sus anteojos. 
Tenía más citas con chicas que yo y todas lo adoraban! Caramba! Algunas veces hasta me sentía celoso... Hoy era uno de esos días. 
Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que, le di una palmadita en la espalda y le dije: "Vas a ver que estarás genial, amigo". Me miró con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió. "Gracias" me dijo. 
Limpió su garganta y comenzó su discurso: 
"La Graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquellos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador,pero principalmente a tus amigos. Yo estoy aquí para decirles a ustedes, que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir, y a propósito, les voy a contar una historia". Lo miraba a mi amigo incrédulo, cuando comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos. Aquél fin de semana él tenía planeado suicidarse. Habló de cómo limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros con él: Para que su mamá no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela.
Me miraba fijamente y me sonreía. "Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable". 

Yo escuchaba con asombro como este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad. 
Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud. 
Recién en ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras: "Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. el destino nos pone a cada uno frente a la vida de otros, para impactarnos de alguna manera.